martes, 14 de abril de 2009

Cuarto Menguante

No se que salió mal, desperté e hice mis cosas como cualquier día. Salí a la calle y sospeché algo raro, era un día denso, húmedo. Parecía que iba a llover. En la calle todo el mundo parecía estar cansado, todos parecían desconfiar de todos, todos tenían dudas en sus frentes, todos me parecían extraños. Todos. No supe de que se trataba hasta que llegó la noche. Por sobre las montañas y entre los edificios se asomó la Tierra mostrando con un belleza inimaginable el extremo sur de América, aquel resplandor azul que daba a la noche un tono de ensueño, sacado de la más fantástica película.
No se que salió mal.
Tanta belleza entristecía a la humanidad, recordándoles donde están y a donde no pueden volver.

jueves, 2 de abril de 2009

Caer

Durante aquella semana sufrí grandes cambios. No experimenté una disminución de mi fuerza o de mi energía, simplemente mis sentidos comenzaron a apagarse. Mientras pasaban los días todos mis sensores iban debilitándose al mismo tiempo hasta que el domingo me acosté casi en completa oscuridad.
Desperté sin poder oler, oír, tocar, ver y saborear. Ni siquiera podía saber si realmente estaba respirando o si efectivamente estaba en mi cama pero la lucidez de mi conciencia me indicaban que sí estaba despierto. Yo era y no estaba. Para mi familia estaba pero no era. Me invadió la angustia de imaginar la desesperación de los que me rodeaban. ¿Qué podía hacer yo?
De pronto me encontré solo con mis pensamientos, flotando en una especie de recipiente negro. Recordé mi pasado, vi fotos, oí canciones, chistes y dulces voces, comí helados, pizza y papas fritas. Hice un censo de toda la gente que he conocido y la vida que llevaban cada uno de ellos. Reconstruí todos los lugares que he visitado y hasta imaginé los que aun no he pisado. Cuando ya no tenía con quien más discutir ni lugares donde ir, enfrenté el bien con el mal, idea tras idea hasta creer que todo lo podía entender.
No se si fueron años o tan solo un segundo, me estaba cansando de pensar. Ninguna imagen se dibujaba en mi pizarra mental. Estaba entonces rodeado de lenguaje, letras que se unían y se reagrupaban formando extrañas ideas que entendía sin poder pronunciar. Entonces ocurrió lo que siempre temí: olvide como hablar, leer y escribir.
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Marcha de Osías (María Elena Walsh)

Osías el Osito en mameluco
paseaba por la calle Chacabuco
mirando las vidrieras de reojo
sin alcancía pero con antojo

Por fin se decidió y en un bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.

Quiero tiempo pero tiempo no apurado,
tiempo de jugar que es el mejor.
Por favor, me lo da suelto y no enjaulado
adentro de un despertador.

Osías el osito en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar


Quiero un río con catorce pececitos
y un jardín sin guardia y sin ladrón.
También quiero para cuando este solito
un poco de conversación.

Osías el osito en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar


Quiero cuentos, historietas y novelas
pero no las que andan a botón.
Yo las quiero de la mano de una abuela
que me las lea en camisón.

Osías el osito en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar


Quiero todo lo que guardan los espejos
y una flor adentro de un raviol
y también una galera con conejos
y una pelota que haga gol.

Osías el osito en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar


Quiero un cileo bien celeste aunque me cueste
de verdad, no cielo de postal
para ir me por el este y el oeste
en una cápsula espacial

Osías el osito en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar

martes, 31 de marzo de 2009

Viento en popa

algo bueno va a pasar
serán las luces de este mal
serán las copas de este bar
tu alma va por mas

tus manos me hacen respirar
tus dedos me hacen cantar

bandoneonabandonacordeconlacordeon
trompetartamudaclamauntontrombon
clavicordioganasdeolvidaralmelotron
mandolinantiguanteunguitarron
flautañejarpacuidaundulcefagot
contrabajotrajounbanjocilador
congatocalacaradeuntambor
pianolalocaviolaunsaxofon
tubatunotocaselbongo
ukelelesperaltomb
gaitantogong
bombo
toco
voz






miércoles, 11 de marzo de 2009

Dame Miedo

tienes sueño y dormirás
morirás al despertar
sigue asi y no volverás
no te sigo si te vas
siempre alerta donde estás
quiero serte más allá
no lo puedo tolerar
por que lo haces sin avisar
tienes algo que ocultar
tienes tiempo de intentar
tienes hambre de mucho más
tienes ganas de jugar
dame un beso dame un peso
dame miedo dame pienso
cielo seco pienso eso
no te rias sin cosquillas
dame un beso dame sexo
yo te pienso dame miedo
tienes ganas de jugar
tienes ganas de contar

martes, 10 de marzo de 2009

Aquel insoportable verano (primera parte)

Aquel verano fue el más calido. Los heladeros nunca vendieron tanto, las piscinas nunca estuvieron tan llenas, las mangueras nunca se derritieron de tal forma. El aplastante fulgor solar atontaba a todo el pueblo, todos sudaban, todos estaban cansados, todos tenian la vista quemada, nadie quería moverse, nadie quería trabajar. La ciudad estaba adormecida por un desagradable verano. Muchos abuelos dieron su último suspiro aquella temporada, varios bebés no pudieron seguir creciendo. Los adultos preocupados ahorraban para instalar aire acondicionado, los adolecentes se escapaban a los lagos del sur o a las playas del norte. Los niños nos quedabamos vagando por las calles, ideando estupideces para no pensar en los rayos ultravioletas.
Pero eramos felices, las calles eran nuestras, solo mis vecinos y yo deambulabamos por las polvorientas avenidas. Los adultos escondidos dormian una siesta interminable mientras la pandilla saltaba de sombra en sombra esperando el atardecer

Una noche, revolcaándome entre las sabanas empapadas de sudor, sentí piedritas en la ventana. Solo Tomás tenía esa costumbre. me asomé y ahí estaba con Rocío, su hermana chica.

-¡Jorge! Manuel se perdió -gritó Tomás.
-¡Shhhh! son las 3 de la mañana, no grites- le repliqué en voz baja- Manuel es de los perro que no se pierden, es mas viejo que la loca de la esquina.
-Pero nunca había estado tanto tiempo fuera, a lo mejor algo le pasó -insistió Rocío punta de lágrimas.
-Ya, déjame vestirme y voy.

Cuando salí a la calle Dante ya estaba ahí, como de costumbre, dando ordenes y planificando el rescate. Luego de un pequeño debate decidimos ir al centro, de donde sabíamos venían todos los perros. Ninguno de nosotros había ido solo al centro de noche y la idea, ademas de atemorizarnos, nos entusiasmaba.
Yo sugerí evitar las avenidas para no toparnos con los borrachos, pero Dante insistió en ir por la avenida, para aprovechar la luz y no perdernos.
Dimos vueltas por todos lados sin encontrar señales de Manuel ni de ningún otro perro, pero Al pasar por la plaza vimos un flacuchento pastor alemán, lo seguimos sigilosamente hasta llegar al viejo cine abandonado, allí el perro se metió por un pequeño orificio en la pared. Rocío se asomó y pudo ver media docena de perros, entre ellos Manuel. Tomás lo llamó y su fiel can se acercó para lamerle la mano, pero no quiso salir. Todos éramos muy grandes como para entrar por el orificio y ya llevábamos varias horas fuera de casa, entonces decidimos volver.

viernes, 6 de marzo de 2009

Viernes 5 a.m.

salimos y después volvimos nos cominos unos panes con queso y después dimos jugo con unas cabras ahi en la cuneta y yo les dije que me llamo Jorge y Palomo dijo que se llamaba Alfredo y de ahi caminamos con las minas y llegaron los pacos y nos querian llevar porque estábamos tomando en la vía pública entonces una de las cabras se joteó al paco brigidamente y el paco le agarro el poto y la mina le pego una cachetada y ahí salimos todos corriendo después nos fuimos a las plaza de los dominicos y jugamos a la pelota con una pelota imaginaria y cuando ya era de dia vino seguridad Las Condes y dijo que nos fueramos porque estabamos dando mucho jugo de ahi llegué pa mi casa y no tenía llaves y me pasé la reja y me metí a la bodega y encontré una hoja de una sierra pa metales que la use pa desenganchar el ventanal del living y me metí por ahi y de ahí me acoste y me dormí mas o menos así fue aunque puede ser que la mayoría de las cosas no hayan ocurrido no se pero ese dia aprendía chiflar

miércoles, 4 de marzo de 2009

inmortal

viejas cajas llenas de, de, de,
no las quiero abrir
se que están ahí

viejos tiempos leche con, con, con
ya no sabe igual
¿quien la beberá?

vieja amiga eres muy, muy, muy
nadas como un pez
¿volverele a ver?

viejo y vieja hoy ya, ya, ya
siempre fuiste tu
siempre fuiste tu

vieja historia sin, sin, sin
quiero bailar
quiero gritar
quiero mear
quiero saltar
quiero pasar
quiero quedar

martes, 3 de marzo de 2009

Vuélveme

muérdeme y ládrame
llévame al hospital
págale al doctor
cuídame

léeme
cántame
sácame a pasear
y no me pierdas

déjame ser feliz
déjame salir
castígame
oblígame

ríete
llórame
empújame
dame fuerzas

Es Natural

"debes el alquiler
págame este mes
¿no tienes que comer?
ya sabrás que hacer"

"no te puedo dar
el metro ya se va
que lastima me da
empieza a caminar"

vendo lo que tengo
tengo lo que quiero
vengo cuando puedo
puedo cuando quiero

no quiero lo que tu
no me gusta el pus
no seré lo que tu
como solo atún

puedo ya escupir
mi casa voy abrir
hoy voy a dormir
hoy voy a escribir


Estética, estática

no quiero verte llorar
no quiero verte gritar
no quiero verte despertar
no quiero verte disimular
no quiero verte besar
no quiero verte gozar
no quiero verte estudiar
no quiero verte hablar
no quiero verte verte
no quiero verte andar
eres una foto y nada más
quédate seria como estás
te dibujaron y nada más
no quiero verte andar
imposible verte andar
eres un dibujo y nada más

viernes, 27 de febrero de 2009

Alquimia

una botella de vino en la sacristia
asi empecé a creer en dios

el rito es rito
la sangre se congeló
el cura ya no juega
el pan se añejó

ayer me desperté
sin hora sin reloj
me puse pantalones
y el mundo comenzó

una rata muerta en la verdulería
así empece a creer en dios

jueves, 19 de febrero de 2009

Deberes de autor

Cuando fui a Milena por cuarta vez lo hice acompañado de Alex, un viejo amigo arquitecto y amante de las artes. Siempre estuvo fascinado por las historias que le contaba sobre Milena, pero lo que más lo motivaba a visitar la isla era poder conocer al poeta Kondor, del cual ase había hecho su fiel admirador desde que volví de mi primer viaje con algunos de sus manuscritos.
Lo primero que Alex notó fue que a pesar de ser manuscritos estos presentaban una muy prolija y bella encuadernación, cada uno con un estilo diferente.


El día que llegamos a Milena Alex no se detuvo a mirar los puentes, los templos, los canales, no prestó atención a los músicos callejeros, a las bellas nativas. Insistió fervientemente que le presentase al poeta. Sin más rodeos lo hice.
Kondor, felz de que su obra halla cautivado a un extranjero, nos invitó a pasar a su departamento, espacio de un solo ambiente decorado con toda clase de bellos objetos rescatados del basurero.
Botella de vino tras otra fue pasando la noche con una cálida conversación hasta que Alex manifestó el real motivo de su visita.

-Sería un honor para mi y un privilegio para mi gente poder publicar tus obras.
-¿Publicar?
-Sí, publicar, hacer copias, distribuirlas y venderlas en todos los rincones del mundo; se traduciría a cientos de idiomas.
-Me halaga tu entusiasmo y me impresiona tu magnifico plan, pero me temo que no se puede realizar.
-¿Por qué no? mi editorial correrá con todos los gastos.
-¿Incluso con la desvalorización de mi obra?
-¿A que te refieres?
-Estos manuscritos que recibiste por medio de mi amigo no son borradores, son la obra en sí, son únicos, sólo tu los tienes y nadie más los ha leído así como tu no has leído y probablemente nunca leas los mas de cien que ya he regalado. ¿Qué valor tiene una copia de la Mona Lisa? ¿por qué alguien pagaría por algo que yo regalo de mis propias manos y cuyo valor al ser único es incalculable? ¿qué sentido tiene traducir mis versos al chino si pierde la música y la lógica con que fue concebido? esa traducción sería la obra de otro poeta.
-Pero piensa en los derechos de autor ¿cómo protegerías tu obra?
-¿Protegerla de qué? una vez que mis libros están listo ya no me pertenecen ni me interesan, sólo mi firma en la tapa dan cuenta de mi vinculación con la obra. ¿De qué derechos de autor hablas? un autor tiene derecho a ser y hacer lo que se le plazca, un autor tiene derecho a no ser esclavo de su obra, un autor tiene el deber de regalar su talento a la gente.
-Pero si nunca vendes tu obra ¿de qué vives?
-Tengo la suerte de haber nacido en Milena y, como todos los habitantes de esta isla, mientras siga cumpliendo mi deber como autor, nada me faltará. Y si no viviera aquí me las tendría que arreglar trabajando de lo que sea, pero nunca vendiendo lo incalculable.
-Si es así, te propongo un nuevo plan: tu sigue produciendo y yo me encargaré de que tus libros, originales y sin copias, recorran el mundo dejándose leer. Si es necesario enseñaré nuestra lengua al que no la sepa para que pueda disfrutarlos.
-Me temo que eso tampoco lo puedo permitir, tu misión en la vida es satisfacer tus deseos y no los míos. Te invito a que te vayas y lo hagas ahora mismo.

Y así fue. Kondor y yo despedimos a Alex con un fuerte abrazo. Ninguno de los dos lo volvimos a ver.
De vez en cuando recibo postales de distintas partes del mundo pero nada dicen. Hace unos días recibí una carta donde me cuenta que se instaló en un pueblito del sur,abrió una escuela de música, se ha casado y es feliz. Yo también estoy feliz por él y me pregunto si alguna vez descubriré cual es mi deber.

lunes, 16 de febrero de 2009

La muñeca negra (segunda parte)

El sol ya teñía las nubes de naranja y violeta mientras Agustina seguía columpiándose intentando dar una vuelta completa al compás del tarareo de innumerables canciones incompletas. Una negra mariposa detuvo su errático vuelo sobre el dedo gordo del pie de la niña manteniendo sus alas quietas, como disfrutando el vaivén del columpio. Agustina detuvo su canto y el balanceo de a poco. Cuando, estáticas, ambas criaturas se miraron fijamente, el viento sopló con furia obligando al insecto a emprender la retirada. Agustina, un tanto aturdida por la ventisca que ya comenzaba a extinguirse, logró seguir con su mirada la trayectoria del bichito desde la punta desde sus pies hasta introducirse en la chimenea de la casona. Sus ojos brillaron con alegría al sentirse invitada.
Se puso de pie y tan veloz como una liebre entró por la puerta que se encontraba entreabierta. A pesar de la poca visibilidad que ofrecía el atardecer al interior de la casa, Agustina pudo distinguir una pequeña silla junto a la chimenea, al parecer el único mueble. Luego siguió el mismo recorrido del día anterior encontrando por el pasillo decenas de juguetes quemados. Al final del corredor estaba la pieza, en ésta solo había una lampara de aceite apagada sobre una segunda chimenea y una pequeña cuna de juguete con una muñeca negra. Agustina buscó en el bolsillo de su vestido y extrajo una frasco de vidrio y una cuchara. Se acercó a la cuna, abrió el frasco, llenó la cuchara de un líquido espeso y la llevó a la boca de la muñeca.
-Éste jarabe no sabe bien, pero si te lo tomas te sentirás mejor- entonó Agustina con un chistoso falsete que imitaba a la voz de una vieja mientras el liquido chorreaba por la boca de la carbonizada muñeca.
Un débil resplandor inundó la pieza acompañado de un agudo chillido.
Agustina soltó el frasco dejándolo romperse en mil pedazos. Se dio vuelta y vio a la niña pálida, con ojeras, delgada, con los labios partidos y sucia sosteniendo la ahora encendida lámpara
-¡No enfermes a mi bebe!- sentenció la niña con furia. Agustina intentó explicar sus intenciones pero antes de pronunciar palabra alguna la pálida nena estrelló la lámpara contra el suelo justo a sus pies provocando una fuerte llamarada que inundó la habitación. Agustina desesperada se refugió en un rincón agachada, con los ojos cerrados y sus brazos cubriendo la cara mientras escuchaba los gritos y llantos de la niña en llamas. El humo penetró sus pulmones mareándola un poco y, sin siquiera volver a abrir los ojos, pudo contemplar lo que allí ocurrió.

La pieza ahora estaba amoblada. En la cama la niña intentaba dormir abrazando su blanca muñeca. Su madre, arrodillada junto a la cama, la acariciaba entre llantos. Por la ventana se podía apreciar una furiosa tempestad de hielo y por la puerta Agustina vio entrar al padre cargando toda clase de objetos. Uno por uno libros, fotos, ropa, muebles y juguetes fueron arrojados a la chimenea, ardiendo con debilidad para intentar calentar a la niña enferma. Cuando ya no quedaba más por quemar, el hombre desecho en lágrimas miró a su mujer, ésta llorando gritó y se refugió en el rincón junto a la invisible Agustina. El padre alzó a la semi dormida niña y sin pestañear la arrojó a la chimenea con muñeca y todo. Agustina pudo ver los ojos de la niña desconcertados al caer despabilares por el calor, y cuando ya no podía gritar más pudo ver con claridad el resplandor de su furiosa mirada.
Finalmente Agustina se desmayo por el fuerte olor a carne quemada inundando su nariz.

Abrió los ojos y pudo oler nuevamente el normal otoño. Por la ventana se asomaba la luz del medio día y crashh!! una pelota atravesó la podrida persiana y destruyó lo que quedaba de vidrio. Agustina recogió la pelota y se asomó por la ventana. José y Pablo corrieron hacia ella.
-¿Qué estabas haciendo? -pregunta José - te buscaron toda la noche.
-Estaba jugando por acá y me quedé dormida.
Los tres niños regresaron por el camino. José aseguraba que le esperaba el tremendo castigo por haber desaparecido. Pablo, que era un poco más grande, solo la miraba en silencio, con sospecha, pues sabía que nadie juega y mucho menos duerme en la casa embrujada. Agustina, sin prestar atención a los exagerados comentarios de José, recordaba cuando su gata Rita dio a luz a 5 gatitos, uno de ellos nació sin una pata y su madre se negó a amamantarlo dejándolo morir de hambre.

De vez en cuando Agustina se hamaca bajo el árbol de la casona, pero siempre se retira antes del atardecer. Por las noches puede ver humo salir de la chimenea. Quizás sean vagabundos que pasan la noche en la casona, o tal vez se trata de la huella de la niña quemada. Agustina sólo piensa en la ira de la niña al morir, una furia en sus ojos tan fuerte como para aferrarse a la vida aún estando muerta.

domingo, 15 de febrero de 2009

La muñeca negra (primer parte)

Una tarde de otoño Agustina pedaleaba por un camino rural, un lindo conejito blanco de orejas marrón se cruzó en el camino y la hizo caer. El animalito corrió como una bala y se refugió en un antigua casona. La niña cesó el llanto de su caída al contemplar la roñosa e imponente estructura entre las manchas del atardecer, dejó la bicicleta junto al camino, se acercó lentamente, abrió sin timidez la crujiente puerta y entró.
La oscuridad interior olía a polvo y aun se sentía el la huella de calor dejada por los últimos habitantes que abandonaron la casa hace unos mil años para la perspectiva de la niña, que no sentía miedo pues la imagen del conejito nubló su mente. Ya no pensaba, como otras veces, que la oscuridad es peligrosa y los lugares viejos malos.
Una tenue luz al fondo de un largo pasillo dominó su curiosidad. Agustina olvidó al conejito siguiendo al bello lucerito. El resplandor la guió hasta una pieza, en esta una niña de aproximadamente su misma edad jugaba con una muñeca a la luz de una vela, le hablaba diciéndoles que está enferma y que morirá si la medicina no llega. Agustina quiso entrar, pero el crujir de una tabla tras sus pasos alertó a la extraña niña y apagó la vela.
Rodeada de negro las pupilas de Agustina se dilataron buscando distinguir figuras en la oscuridad, su piel se erizó intentando tocar el espacio, su corazón se aceleró esperando lo peor y su cuerpo sudó diciéndole que sí tiene miedo.
-Hola!! -gritó Agustina, la casa le respondió retorciéndose -la luz... -intentó gritar con más fuerza pero termino casi susurrando al sentir un ágil y juguetón correteo a su alrededor -¡conejito! -el destello de unos ojos sacó a la niña de su estado de alerta. Sus músculos ahora descansados se movieron con ternura hacia los rojos luceros para recoger al animalito. Se agachó y estirando su manita logró acariciar su suave cabeza.
-¡¡No me toques!! -los ojos gritaron y empujaron a la inocente Agustina que calló al suelo sobre su trasero. La voz la miró fijamente y luego de uno segundos se alejó corriendo.
Agustina distinguió lo que quedaba de sol filtrándose por la entrada y lo siguió tan rápido como pudo tropezando con toda clase de objetos por el antes vacío pasillo, salió de la casa, monto su bicicleta, se secó el sudor de su frente y noto que su mano estaba manchada con hollín, luego miro hacia la casa por ultima vez y se alejó por el camino a la máxima velocidad que sus musculatura de 7 años podía ofrecer mientras el sol terminaba de esconderse.

Agustina no corrió a llorarle a su madre. Desde que tiene memoria, incluso antes de poder hablar, recuerda todo tipo de rumores sobre la casa embrujada y por sobre todo tiene en cuenta la paliza que le espera sus padres descubrieran que por ahí anda metiendo su nariz. Pero todo niño "sabe" que los adultos viven en otro mundo y juegan a cultivar cereales y criar vaquitas en el patio de sus casas, pero Agustina, como buena niña que es, juega a descubrir mundos en su infinito patio, ese que abarca todo lo que no es su casa.
Decidida a encontrar al conejito o dar con la niñita Agustina volvió a la vieja casona, estacionó su bicicleta junto a un árbol del cual una rama sostenía un columpio echo de cuerda y rueda. La niña comenzó a balancearse esperando alguna señal que la invitase a entrar.

Setáflora

no aguas tomar
me riete paris
al conde vea ser seda
vacilar mujer
y maní para arder
es hoy mi sueldo a poco
nuez ágil servir
corales siente pececito
suba migas coger
escamas entre los nidos
molerse y placer

Metáfora

mina rica
rima mía
pelota corvina
paulita comería
vieja enojada
vena enjuagada
niña excita
piña extinta
zorra peluda
mora lanuda
tinta china
putita linda
cuando tengo hambre
canto y beso hembra
no quiero bañarme
yo puedo arañarme
tengo sueño
rengo sureño
¿qué hora es?
¿fue corales?
vamos a tomar algo
ya no canta el mago

La vi por la playa

rubia tejedora
curva orilla
rizos erizan
ritmo cadera
sonrisa melliza
teta sombría
ave zancuda
ninfa alada
arena pela
blanca morena
piel lisa
figura fina
boca besa
lengua seda

¿Qué te pasa?

¿qué te lleva a la playa
completamente tapada?
¿que te hace no escuchar
el viento y la brisa empapar?

cantas para ser
oculta que vean
blanca para ser
negra que vean

¿qué dibuja tu raya
completamente marcada?
¿qué te hace tocar
la guitarra llorar?

cantas para ser
oculta que vean
blanca para ser
negra que vean

¿qué hace que te vayas
cuando recién te callas?
recién te empiezo a mirar
no te haces interesar

Algo robo

tam-pam
tam-pam
juego al ocio

fiu-fuu
fiu-fuu
no me vuelo

trumm-suash
trumm-suash
me meto al miedo

paletas
viento
olas

si así quiero descanzar
soy un idiota
la idea no logro alcanzar

Una hoja rompe la vista

ah bueno! cómo te vez!
me planto en la ancha
a verte deslumbrar
al vuelo otra me fue

Falsa

verdío se siente y no marrón
estira su paño al sol
que se pudran sus tetas

así no se siente el mismo amor
rájate así un bombón
que se pudran tus piernas

quiero a Venus
como la espuma la parió
sin pintura ni alfajor

un pareo de moda
ya no me provoca
sácate el trapo
y ya te toca

Moja y raspa

la carne del mar me cachetea
arrastrando la lija a mi cueva.
hoy perdí contra Acuamán,
y mañana lo vuelvo a retar

hoy probé la salsa añeja
y me quedé sin provoleta
se pifió el paracaídas
hoy cague piedritas

si me duerme tu garganta
y la harina me escafandra
déjame nadando como un pez
no me voy andando esta vez

Changos

si no hay solución
seré siempre yo
el que celebre tu lado idiota
no quiero ver un no
sabés que así sos

así como un mono

riéndote de lo que vez
podés ser lo que querés

jueves, 25 de diciembre de 2008

Espejo

El traje que siempre debí llevar puesto lo tengo guardado desde hace años le saco el polvo y lo uso sin lavarlo me sienta bien camino camino camino camino llueve y me voy lavando de a poco en la cumbre no se necesitan lujos soy de los que no sirven aquí y rinden allá libre de la historia quedo para comenzar a ser historia de verdad creo que aprendí mucho creo estoy muy agradecido que tengo que hacer otras cosas me importa un carajo lo que opinen aunque me de miedo me imagino mandando una postal desde Guatemala con la cortaplumas puedo construir una casa o un matacolas, necesito dos poleras un pantalón y unas alpargates puedo pescar y ganarme unos pesitos escribiendo lo que cuando estaba en un carrete y casi me echan pero estaba ella y no le hablé pero la quise si pudiera desactivarme como esos que se duermen al tiro o que se concentran en algo y terminan lo que se proponen estoy flotando y de apoco me voy alejando de la tierra hasta flotar en el espacio y perderme en un agujero negro pero es como contar ovejas no funciona no quiero que se den cuenta que tengo sentimientos quiero no querer más y me voy a dar la vuelta a la esquina y más allá de vez en cuando puedo mandar un correo-E para que sepan de mi pero seguro que si vuelvo es solo para lavar la ropa estoy destinado a ser un vagabundo y soy feliz.

domingo, 9 de noviembre de 2008

cee me

Me ahoga una ola de cariño explosivo y en medio de la espumosa confusión la satisfacción me hace cortar toda conexión con la realidad. Locomotora de vainilla ilumina la noche con dos grandes y bellos faroles oscuros. El tranvía llamado deseo se conduce por un camino que no conozco, que quizás nunca imaginé transitar, pero que hoy piso firme y desorientado. La corriente directa alimenta mis baterías sin parar transmitiendo en frecuencias moduladas un canto que aun no descifro. El tiempo corriendo en aquel reloj es feliz y misterioso. Quiero llegar a las doce aunque tema pasar por las 6. Si el manual de instrucciones ha desaparecido solo me queda jugar con las piezas hasta lograr que encajen.
Un excitante videojugego en primera persona

martes, 21 de octubre de 2008

Aire

No suelo tomar café, no me gusta.
Pero en ciertas ocasiones la publicidad hace su trabajo poniendo una taza caliente entre mis manos. Lentamente voy bebiendo el brebaje a pequeños sorbos olvidando el amargo sabor gracias su peculiar aroma. Si bien detesto el sabor del café, amo su dulce olor. Pero hoy por primera vez en mi vida aquella fragancia me dio nauseas.
Pedaleaba por Isidora Goyenechea hacia el Mapocho. Entre medio de gigantescos edificios de vidrio y antiguas casonas aparecían modernos bares y cafés de altísimos precios. Por todos lados revoloteaba gente linda con ropa linda fumando y hablando por celular. Vi sobrios ciclistas que pedaleaban elegantes modelos retro. Vi señoras falsamente morenas paseando perros microscópicos. Vi una banda de Jazz ganándose unas moneas a la salida de un local. Todo lo que había en la calle olía a café. Todos vestían su mejor sonrisa, todos parecían infelices.

Seguí mi camino por los parques que bordean el río observando la más diversa fauna urbana. Una pareja de colegialas quinceañeras se juraban amor eterno bajo la sombra de un árbol. Un mendigo fumaba sentado en una banca mientras discutía con su sombra. Una pareja de jubilados redescubría la pubertad besándose con cierta timidez acompañados de un picnic barato. Un grupo de jóvenes bebían una cerveza mediante carcajadas que olvidaban sus tristes figuras góticas. Ninguno bebía café.
Seguí por un instante con la mirada a un hombre con gigantismo en su brazo izquierdo y noté que ya me encontraba en el corazón de la ciudad, aquel órgano que se encarga de bombear gente, cultura y suciedad hacia los sectores más alejados del cuerpo de Santiago.
Una tufada a pescado me envolvió mientras pasaba por el Mercado Central, pero luego de esquivar un grupo de reggaetoneros, seguí camino por un laberinto de angostas calles y bulliciosos paseos peatonales hasta sentir nuevamente el olor a café, Ésta vez más dulce, más fuerte. Un oscuro vidrio impedía ver el interior del local. Me mantuve en la entrada imaginando el mundo que no conocía hasta que un viejo pelado salio a toda velocidad, entonces, en un parpadeo, pude ver dos voluptuosas damas frotando sus carnes colgantes sobre un variopinto y rancio grupo de comensales mientras la puerta se cerraba para siempre.

Seguí camino por calles no muy transitadas hasta llegar a la plaza Brasil. La rodeé un par de veces hasta comprenderla y luego me desplomé en el suave e irregular pasto. Allí no olía a café. Un leve aire de cerveza artesanal iba y venía por momentos. Ví a las estudiantes de la Escuela de Danza practicar sus coreografías. Vi sus ropas y quise casarme con alguna de ellas. Deseé que alguna me invitara un buen cuete, pero sabía que no podía esperar nada si yo no me movía.
Luego de fantasear un rato con vivir en alguna casona del sector me levanté y emprendí la retirada. Pensé en buscar un carrito de sopaipillas, pero aun sentía nauseas. Deseé durante todo el camino hacia mi casa tomar sólo leche con Nesquik

miércoles, 24 de septiembre de 2008

El Perro Escapatorio (segunda parte)

Algún tiempo después, un grupo de amigas acampaba por allí. Buscaban encontrar la magia de la naturaleza bailando desnudas bajo las estrellas mientras intentaban abrir las puertas de la percepción ingiriendo hongos, marihuana, San Pedro, floripondio y cualquier otro embriagante que no pasara por laboratorio alguno.
La armónica de Elisa marcaba el ritmo, Javiera administraba el arsenal alucinógeno, Ángela improvisaba un bello canto en lenguas muertas y Violeta daba muestra de su talento girando más rápido que un trompo sus sus firmes piernas dando increíbles saltos entre las roca y los arboles del bosque. Risas y carcajadas encajaban con la luna menguante. Pupilas dilatadas brillaban como estrellas formando nuevas galaxias. Al centro, un fuego de proporciones peligrosas calentaba los rosados pezones. Besos con lengua revelaban amor por la humanidad y la inhumanidad.
Elisa dejó la armónica y tomó el tambor. Ángela siguió el ritmo en arameo mientras Violeta y Javiera traducían en español antiguo y sutiles coreografías la historia de las cuatro hijas de un malvado rey que decidieron abandonar el castillo e ir en busca de aventuras convirtiéndose en poderosas guerreras, más fuertes que cualquier gigante, más valientes que caballero alguno. Estas asesinas de dragones,
más temibles que bestia conocida, juraron abandonar el lujo del reino y vivir en las sombras aprovechándose de la debilidad de cualquier caballero andante.

La épica historia vibró entre las ramas y recorrió el bosque despertando a las bestias dormidas y alertando a las fieras nocturnas. Un can que por allí pasa reconoció aquel sonido como la voz humana y sobre todo un olor a hembra irresistible. El estómago de la fiera se retorcía de felicidad mientras se acercaba sigilosamente hacia la fuente de luz y calor. En el teatro la función continuaba con las doncellas convertidas en vampiros, bebiendo la sangre de tiranos gobernadores y seduciendo gladiadores. De a poco el tambor incrementó su ritmo y todas las niñas se unieron al baile mientras ante sus ojos las ramas aplaudían, las rocas chiflaban, la hierba respiraba y el lobo observaba. Las damas se acercaron aleteando como cisnes en su lago, rodearon al animal y lo acariciaron. El cazador tenía a su presa desprotegida y confiada, solo debía elegir al menos una y lanzar su letal mordida. La baba, lengua y labios comenzaron a afilar los colmillos del animal mientras sus ojo y oídos calculaban la distancia. Mas, esta vez el instinto no alcanzó la perfección. El tambor latió mas rápido que el vuelo de un picaflor, los 8 descalzos y suaves pies se movían a una velocidad que llegaba a hipnotizar al fuego. Las cuatro guerreras, las cazadoras de dragones, las vampiras justicieras, más valientes que caballero alguno, danzaron hasta que la bestia calmó sus ansias. El perro desistió de su misión y retrocedió desapareciendo entre los árboles. Mientras bailaban, Violeta cruzo su mirada con la del animal y algo en su mente se paralizó. Dejo de oír la música a pesar de su incesante baile.
El cielo comenzaba a aclarecer, el fuego había consumido por completo el tambor y algunas prendas. Elisa abrasaba un árbol plácidamente, Ángela lloraba al contemplar el río, Javiera roncaba desnuda sobre el Jeep y Violeta se introdujo en el corazón del bosque sin dejar de bailar hasta descubrir que no sabía como volver. Dio una ultima vuelta y se dejo caer sobre un colchón de hojas secas. Cerró los ojos y suspiró con profundidad, los volvió a abrir y distinguió la figura de un hombre sucio y bello. Violeta intentó decirle algo, pero el efecto de los hongos se lo impidió, el hombre tampoco pronuncio palabra alguna, sólo se sentó a su lado y le acarició el pelo. Violeta se sonrojó y dando un gran salto se lanzó sobre él y comenzó a besarlo apasionadamente, el hombre, tímidamente, se dejo llevar por los agresivos y excitantes movimientos de Violeta hasta que logró tomar el control.
Luego de la tormenta, Violeta suspiró y vio su reflejo en los oscuros ojos del hombre, luego cayo rendida y se durmió.

Una especie de humo rodeaba el cuerpo de Violeta formando su nombre mientras las hojas del suelo se convertían en bocas y lo pronunciaban, le gritaban pero ella no podía responder. De pronto Elisa pellizcó su mejilla despertándola por completo. Violeta quiso contar su aventura con el hombre del bosque, luego desistió, pues no sabía con certeza si se trataba de algún campesino aprovechador, un buen sueño, o si los psicotrópicos la habían convencido de follarse a un perro. Un pequeña mordida en su teta izquierda le indicaba que todo podía ser posible, aunque dicha marca no especificaba si era de procedencia humana o animal.
Las cuatro amigas recogieron su basura, se subieron al jeep y se marcharon escuchando un cd de Goran Bregovic al compás de un bello atardecer.
El perro ladró y las siguió unos cuantos metros, Violeta lo vio alejarse a través del espejo retrovisor y luego miró a sus amigas, pero ninguna mostraba señales de recordar haber bailado al rededor de la bestia. El perro pronto se cansó de seguirlas, dio media vuelta y luego volvió, permaneciendo con la mirada fija en el camino hasta que la noche terminó de caer. Al amanecer volvió al camino y espero nuevamente hasta que las estrellas cubrieron el cielo.


martes, 2 de septiembre de 2008

El Perro Escapatorio (primera parte)

La naturaleza tiene formas extrañas de mantenerse viva. Tan extrañas que quizá algunos desearían desconocerlas. Nadie sabe por qué, pero fue abandonado al nacer. Llovía con fuerza y ríos de barro recorrían las calles de la población mientras el infante, resignado, ya no lloraba. Hay quienes dicen que la maternidad trasciende las especies, pero en ciertas ocasiones la paternidad también se alza sobre las razas. Pastor, un quiltro mitad labrador recorría el aluvión serenamente volviendo hacia su guarida, cuando de pronto su olfato distinguió una mezcla entre leche y sangre. Esquivó entonces intrépidamente pilas de escombros y rocas hasta llegar a la cría envuelta en sabanas viejas en medio de la multicancha municipal. El niño lloró unos instantes al ver los colmillos de la bestia, pero la cálida lengua del canino le devolvió la tranquilidad. Pastor lo recogió mordiéndolo con cuidado y se dirigió a paso ágil hasta su guarida: una pila de cajas junto al basurero. Martina, su pareja, lo entendió todo al instante y comenzó a amamantarlo mientras Pastor, acurrucado a su lado, le devolvía el calor.
Luego de un mes, un cartonero que por allí pasaba derribó por accidente el nido de Martina, desatando entre ladridos el llanto del pequeño humano.
La noticia estuvo dando vueltas en los periódicos y en algunos canales de televisión durante un par de días, hasta que la muerte de un político condenó la historia al olvido. Mientras tanto, una adinerada familia se hizo cargo del crío, prometiendo comodidad, educación, salud, entretención, nada de perros y algo de amor.

Pasaron los años y el niño, ahora todo un hombre de veinticinco años, parecía estar completamente incorporado a la vida humana, pero ciertos hechos insólitos pronto dejarían en claro lo que por años fue oscuro.
Ramón, que así lo habían bautizado sus padres en la fe cristiana, o Moncho, nombre que le dieron sus amigos bajo la bendición callejera, disfrutaba de una cerveza negra en el bar de la equina junto a su más cercano grupo amigos casi adultos. Al compás de rockeras rolas pasadas de moda se alzaba una acalorada pero divertida discusión sobre política. Argumentos comunistas, anarquistas, demócratas, imperialistas y neoliberales chocaban en el aire mediante palabras mal pronunciadas producto del exceso de alcohol hasta que la aparición de un par de hembras humanas hipnotizó a los borrachos. Moncho y Joaco se acercaron inmediatamente a las doncellas con la intención de cortejarlas con sus mejores (y peores) plumas. Las muchachas reían de los audaces comentarios de sus pretendientes, los cuales se movían entre una aparente inocencia y un picaresco humor negro sexual. El aire del bar estaba caliente y más caliente aún con la aparición de los supuestos novios de las rubias damas. Moncho y Joaco intentaron emprender la retirada al identificar al enemigo, pero éste tiene como norma castigar a quien invade su territorio. Valiéndose de insultos y empujones los pololos se dieron a la tarea de intimidar a los borrachines, los cuales, resignados, volvieron junto a la barra con el resto de sus amigos para beber el ultimo trago, esta vez más amargo, de la preciada cerveza negra.
Si bien Moncho era un pacifista, nunca dejaba pasar inmediatamente un hecho desagradable, es por eso que mantuvo toda una oreja y medio ojo fijo en la mesa que había abandonado.
Pedro narraba enérgicamente, aunque algo confundido, su encuentro con un águila en la punta del cerro Manquehue, los muchachos escuchaban atentos la anécdota intentando distinguir el mito de la realidad, pero al momento del clímax del relato Moncho pudo ver cómo uno de los machotes golpeaba a su noviecita. Ésta lloraba mientras su hombre le decía con tono serio ¡Nunca más en tu vida vuelvas a...!
Dos de vasos volaron en mil pedazos y un mesa se dio vuelta golpeando la cabeza de un inocente. Moncho se lanzó como una bestia sobre el cobarde golpeador mordiéndole el cuello y luego la oreja hasta arrancársela. Ni el dueño del bar, ni los comensales, ni los amigos de Moncho intervinieron. El corregidor escupió la orjea media masticada, se acercó al disminuido hombre, lo miro fijamente y con tono firme dijo: ¡Nunca más en tu vida!!
Un desafinado rock setentero chicharreaba en el ambiente mientras Moncho abandonaba el lugar.

Los antiguos romanos creían que Rómulo y Remo, los fundadores de su civilización, fueron amamantados por una loba, el animal más fiero en toda Europa. De esta forma los hermanos latinos adquirieron la fuerza y determinación que los llevó a construir las bases de uno de los imperios más grandes en la historia humana.
En las venas de Moncho, y sobre todo en sus tripas, se escondía la rabia animal y la fidelidad canina transmitida por sus padres quiltros. Moncho no conocía los orígenes de este sentimiento, pero estaba seguro que debía abandonar inmediatamente la vida que hasta el momento había llevado.
Dejó una nota en su habitación y se marchó sólo con lo que llevaba puesto.

Caminó casi sin detenerse durante 48 horas hasta llegar a un frondoso bosque en los faldeos cordilleranos. Estaba cansado, tenía frío y hambre, se quitó su ropa ensangrentada y se lanzó al río. Los últimos días frios del invierno no impidieron que se mantuviera un buen rato bajo el agua. Moncho necesitaba limpiar su cuerpo y bautizarse nuevamente, esta vez definitivamente, con la imponente montaña y los centenarios árboles como testigos. Una vez acabada la ceremonia, reunió un buen montón de leña y encendió fuego con el último fósforo que le quedaba. Mientras se evaporaban los restos de agua en su desnuda piel, los ojos de Moncho se volvieron negros y brillantes, en su mente tenia un solo objetivo: conseguir alimento.
Su estomago se estaba auto digiriendo, el fuego se había convertido en pequeñas brazas y el rocío de la mañana lo estaba congelando. Entonces un ave se asomó más allá de su nido. Moncho fijó su mirada en el animal y éste le respondió agitando sus plumas en posición desafiante, pero al ver que el posible depredador no se marchaba, flexionó su frágiles patas y estiro sus alas para comenzar a volar. Apenas alcanzó a desprenderse unos cuantos centímetros cuando Moncho saltó, la cogió entre sus manos y mordió su cabeza.
Solo el pico y algunas plumas se salvaron de los ácidos estomacales.
Si el nadar en el río fue su bautizo, este desayuno lo hizo comulgar con el mundo salvaje. Mientras digería satisfecho su alimento, decidió que no podía seguir siendo identificado como Moncho, Ramón, o cualquier otro seudónimo con el que alguna vez fue invocado. Su corazón le reveló su nuevo nombre, pero sus labios fueron incapaces de verbalizarlo. Un fuerte gruñido atravesó su garganta, mostrándole al mundo su impronunciable condición de perro.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Sopaipilla pasá

Cuando llueve el agua no tiene por donde escurrirse, entonces fluye por el pavimento resignándose a jugar en cada esquina. Un niño con botas azules la patea en un semáforo en rojo esperando a que llore con más fuerza, pero el agua lo esquiva salpicando su sopaipilla con mostaza. El niño chilla y moquea al perder su aceitoso alimento. Su padre enfurecido por tal escandalo tironea del brazo del infante al ver la luz verde. El niño grita mientras su hombro se disloca. El hombre, arrepentido, corre con el niño gritando en brazos hasta una mojada y atestada posta central.

viernes, 22 de agosto de 2008

Guatita llena, corazón contento

Entre la muchedumbre y la velocidad una pareja avanza a paso lento. Caminan por Matucana sin dejar de mirarse. Sus narices frías se topan a ratos. Recorren la Quinta Normal en busca de sombra y tranquilidad. Se acuestan bajo un árbol, ella descansa su cabeza en el pasto mientras él se acerca hasta sentir el calor de su aliento. De pronto un paseante deja caer medio sándwich de jamón y ambos quiltros se lanzan al ataque disputándose el preciado manjar. Tras unos enfermizos ladridos y un par de mordiscos el semi puddle se traga el jamón olvidando que deseaba aparearse

miércoles, 6 de agosto de 2008

Erotismo

A diferencia del animal que vive en lo inmediato, el hombre tiene una conciencia diferenciada tanto de sí mismo como de su entorno, es decir, sabe que es y que no es, por lo tanto establece en su mente una jerarquía en el orden de los elementos. En la punta de esta pirámide se encuentra él mismo, superado solamente (y no siempre) por la idea de lo divino. Luego, hacia abajo, aparecen los bienes materiales, los alimentos, los animales, los vegetales y las rocas.
Esta estructura de pensamiento, que en mayor o menor medida todos tenemos, nos aleja de la inmortalidad, pues al establecer jerarquías dejamos de ver la naturaleza y nuestro universo como un solo ente vivo, nos alejamos del mundo sintiendo como resultado una soledad que físicamente nos enferma y mata.

En la antigüedad, la humanidad comenzó a mirar al cielo en busca de Dios porque no lo encontraba en la tierra. Su rutina de supervivencia y comodidad la habían alejado de la naturaleza. Es por eso que apareció un sistema por el cual, sin dejar de lado los logros obtenidos en materia y conocimiento por generaciones y generaciones, la humanidad podía acercarse a lo divino y volver a unirse con la naturaleza. Se trata de la fiesta ritual y el sacrificio.
Durante la fiesta ritual se levanta la prohibición de sobriedad y abstinencia que nos han encaminado a la "superioridad". Entonces despertamos nuestros instintos animales más placenteros: el hambre, la sed, y el deseo sexual físico. La humanidad vuelve por un instante a ser feliz al quitarle importancia a lo productivo y privilegiar el contacto con las cosas, todo esto mediante el acto del sacrificio: se toma un objeto útil, ya sea comida o una vida animal o humana, y se entrega a los dioses, se destruye. Entonces se restablece el orden, desaparece la jerarquía. El objeto deja ser útil y pasa a ser simplemente "cosa". Es en ese instante en que los que participan del ritual se dan cuenta que también son "cosa" y al establecer una igualdad entre ellos y el resto del universo, dejan de necesitar y comienzan a compartir. Las prohibiciones de nuestra sociedad, enfocadas en asegurar la correcta productividad y el consumo de los "bienes", nos alejan de la felicidad. Estas prohibiciones consisten básicamente en negar nuestra animalidad. Nuestra especie se acerca a lo divino sólo mediante la transgresión de esta prohibiciones.
Si cambiáramos nuestro estilo de vida, no sería necesario recurrir a estos métodos. El tiempo dejaría de dividirse entre sagrado y profano y sería simplemente eterno.

lunes, 4 de agosto de 2008

Connotación (cuando nos vamos de copas la hacemos tranqui)

-¿Y si vamos a ver el eclipse de luna?
-¿Vamos? No hay que ir a ningún lado, se puede ver en cualquier parte.
-Pero si no vamos no tiene gracia, vamos como si fuera una obra de teatro
-Pero con unas pilsen
-Y unos cuetes
-¡Seeeeeeeeee!
-Vamos al balcón…


-Se está poniendo como roja la luna
-Sí. ¿Préstame fuego?
-No tengo
-¿Y los fósforos?
-Puta se acabaron, anda a la cocina.

-No habían
-¿Cómo los prendiste?
-Con la… puta esa weá que sale fuego, los quemadores de la cocina.
-Ahhh

-Timbre
-¿La dura? no escuche ni una weá, voy a cachar

-Wena loco, llegaste juste a tiempo
-Tu cachay, manso olfato que tengo,
-Sipo, el eclipse esta empezando y recien empezamos a quemar…

-Y ahora llega cualquier weón y regalamos copete hasta al weón que toco la weá de pandereta.
-¿Qué chucha dijo este weón?
-No sé lo único que caché fue “pandereta”.
-¿Quien chucha es el weón de la pandereta?
-Este weón habla puras weás
-Puta filo wom, la weá es que no queda copete y yo ya puse como 3 lukas y no estoy ni ahí….
-¡Yaaa! Cagao cuilao yo voy a comprar, que tanta weá.
-¡Alguna vez que te rajís!
-¡Ahhh como que nunca me rajo! La weá es que nunca tengo.

- O sea como distinguir si los 50 fueron así o no?
-Puta quien sabe, a lo mejor , es la falsedad de lo comerciales, capaz que en verdad la gente no usaba esas weas. O salia una guitarra electrica como si fuese una marmicoc.
-Demas, yo no me imagino una banda de garage en esa época, como parece tan mamones…

-¿Y este weón donde anda?
-Pffffffff se fue hace rato.
-¿Cuando?
-Ahhh no coachaste porque estabay en la cocina bajoneando.
-No teniay ni una weá, me tuve que hacer una "pasta 3 minutos".

-Yo weon, yo cacho que vo deberiay haber estudiado otra cosa.
-¿Cómo que?
-Puta no se, en verdad no deberiai haber estudiado ni una weá.

-Ya loko me voy
-Pero ¿y el ecilpse?
-Aweonao, es es el sol.
-Ahhhhh, wena no había cachado, ya loko, nos vemos mañana, o sea mas rato.
-Sipo, su tarde de chelas, ya chao.

jueves, 31 de julio de 2008

Calzones Rotos

Vestirse resulta ser en ciertas ocaciones una tarea sumamente vergonzosa. No se trata del pudor heredado por nuestros abuelos del Edén, sino todo lo contrario. Me lamento tener que ocultarme, andar con zapatillas si mi pie respira mejor descalzo.
De cualquier manera, la desnudez ya está reservada para específicos momentos rituales, ya sea el exquisito acto sexual, una desenfrenada catarsis etílica y musical o simplemente para nadar en el lago. Entonces pasamos el resto de nuestras vidas vestidos "como corresponde".
Aparece la moral, las buenas costumbres y por sobre todo el estilo. Debemos discriminar y elegir una opción, por mas que las razones sean infundadas:

Si la ropa es sencilla y de materiales no sintéticos soy hippie
Si me visto de cuero puedo ser desde un skinhead antifascista hasta un rockanrollero de la vieja escuela.
La camisa cuadriculada dentro del pantalón refleja mi alto coeficiente intelectual o mi falta de relaciones sociales.
Unos bule jeans gastados y un roñoso chaleco de abuela indican una hipócrita postura seria ante la vida.
La bandera de Boliviana acompañada de desordenadas trenzas sucias alaban a Dios y el vasto reino vegetal de su creación
El exceso de platico y colores brillantes indican quizás una increible superficialidad y la falta de auto estima, pero acompañado de un aparente éxito rotundo.

Solo me queda vestirme con lo que encuentro, reciclando lo que era de mi hermano o de mi abuelo, lo que encontré en la calle y lo que antes no me gustaba intentando estar cómodo y ser nada al mismo tiempo, para que en la calle todos me digan que ése soy yo
Justamente lo que me avergüenza es intentarlo.
Entonces me olvido del estilo y simplemente me abrigo cuando hace frío y me desnudo cada vez que puedo

lunes, 14 de julio de 2008

U.R.L.

(para los que no pudieron leer la imagen....)


Salí de mi departamento, como todas las mañanas, 15 minutos antes del amanecer. Yo vivo en el 39 y debo caminar hasta el 20 para bajar por la escalera que da hacia el paradero. Si los números no existieran, no podríamos ordenar las cosas. Si yo viviera en el Departamento Dante Peretti en vez del 39, las cartas no llegarían. El sistema no es tan intuitivo.
Mientras cerraba con llave la puerta de mi depto me di cuenta que sólo podía identificar a mis vecinos por su número. Podía ver en mi cabeza a la vieja del 30, el maricón del 23 y la huachita rica del 35. Quizás yo era el ahueonao del 39.
Comencé a caminar lentamente por el oscuro pasillo, sutilmente manchado por esquizofrénicos fluorescentes, tratando de imaginar el nombre del inquilino en lugar del numero pintado en la puerta a medida que pasaba por cada una de ellas. Entonces cambié el 38 por Anselmo Sarabia, el 37 por José Cansino, el 36 por Justo Cañas, la huachita del 35 por Cata Romero. Sí, podía imaginarla con esos shortcitos que se pone en verano, la polera roja, alpargatas blancas y escuchando quién sabe qué mp3, ocultando los audífonos bajo una desordenada y corta cabellera color castaño. Y el 34, luego Nancy, Oscar, Bryan, Carmen, Viviana, Gonzalo y el 26 en venta y después.... ¿Cómo?
Nunca lo había notado, pero entre 28 y el 26 faltaba alguien. La puerta no existía y en su lugar un muro de ladrillos se alzaba disimulado tras un cartel disponible para los anuncios de los vecinos y la administración.
Quizás Gonzalo compró el 27 ¿para qué? no me importa.

Luego de haber sido inútil toda la tarde por culpa de la puerta 27, volvi a casa después de la media noche tras haber trabajado horas extras. Pasé por el 26 mientras encendía un cigarro y unos pasos más adelante, frente al cartel de los avisos, vi un destello azul juguetear con el humo de mi primera bocanada. La luz provenía de una grieta en el muro que cubría el 27. Mientras intentaba observar por la grieta, el tabaco se consumió sin discriminar mi mano. La quemada fue leve pero agudamente dolorosa. Lo suficiente como para chocar mi cabeza contra la pared y derribar un par de ladrillos. El malestar por la quemada y el golpe desaparecieron por el asombro. Removí con facilidad unos 8 ladrillos más hasta formar un hueco por el cual pudiese entrar. Asomé mi cabeza cerrando los ojos mientras arrastraba con dificultad mi cuerpo tomando impulso de mis manos y mis pies. Luego un doloroso tirón y al fin adentro.
Gonzalo no compró este cuarto. Estaba completamente amoblado y decorado, como si nunca hubiese estado abandonado. el Minimalismo de mi depto contrastaba con el barroco de aquél espacio, que si bien contaba con las mismas dimensiones, parecía ser mucho más pequeño pues mis ojos no dejaban de ver toda clase de objetos acomodados como tetris en estantes que iban desde el suelo hasta el techos rodeando todo el perímetro la habitación, exceptuando el espacio que ocupa la puerta. En el centro de la pieza se ubicaba una morada cama desordenada. Sobre esta desfilaban cerca de 20 animalitos de peluche, cada uno más tierno que el anterior rodeando un pequeño computador portátil negro. Empujé los objetos hacia un costado de la cama y me acosté boca arriba. El techo estaba decorado con estrellas de papel de colores y una extraña lámpara azul que le daba al cielo ficticio un aspecto enfermo.
En los estantes, sin considerar orden alguno, se ubicaban libros, películas, agendas, cuadernos, lapiceras, cómics, álbumes de fotos, cajitas llenas de joyas de fantasías, stickers con imágenes cursis, juguetes viejos, mascotas virtuales y celulares.
Tomé un cuaderno y comencé a hojearlo. Me encontré con apuntes de biología escritos con una impecable caligrafía azul. Cada mayúscula era de un rojo o morado brillante y las cosas importantes estaban subrayadas con verde. Mientras leía sin prestar atención cómo se reproducían los organismos unicelulares, intenté imaginar el nombre que podía ocupar la puerta 27, pero nada vino a mi mente. Llegando a la mitad del cuaderno la caligrafía comenzó a desordenarse y perder color. Aparecieron dibujos de animalitos ficticios e ingeniosos juegos visuales. Pasados los tres cuartos de cuaderno noté que ya no había nada escrito. Las paginas eran ocupadas en su totalidad por detallados planos de maquinarias extrañas. Yo no podía traducir tales bocetos pero mis ojos veían una especie de máquina de tortura gigante llena de microchips y robots con forma de conejos y ardillas. Cerré el cuaderno y prendí el computador, luego introduje un disco suelto que encontré en unos de los estantes. Era un video. Una joven de no mas de 16 años, de rasgos bellos, finos, cabello oscuro, aparentemente muy largo, ojos verdes y tes pálida. El video era de mala calidad, parecía haber sido grabado con la cámara web del computador y solamente mostraba el rostro de la joven mientras parecía digitar algo en el teclado. Cada pocos segundos su boca dibujaba divertidas mueca mientras articulaba inentendibles cuchicheos como si le hablara a los peluches de su cama con un tono juguetón. De pronto la joven se para y abandona la escena. En su lugar veo un antiguo teléfono desarmado apoyado en el estante del fondo. La joven vuelve a aparecer desplomándose sobre la cama. La cámara enfocaba parte de su cara con los ojos en blanco y un poco de espuma en su boca. El video no se detenía, el código de tiempo indicaba que que habían dos días más de filmación. Fui saltándome horas tras horas y la Joven seguía tendida inmóvil sobre la cama. No aguanté la curiosidad y me fui directo a los últimos minutos de registro. Ella seguía ahí, sus labios morados y su rostro casi verde mostraban los primeros síntomas de descomposición.
¿Entonces quién grabó el video en el disco? No alcancé a responderme. Un grupo de uniformados derribó la pared y en segundos me sacaron de la habitación arrasando con todos los objetos que allí se encontraban. Mientras una aspiradora chupaba todos los papelitos de colores y dos soldados instalaban una nueva puerta, por un isntante pude ver a la joven bajo la cama hablándole a un osito de peluche con las mismas ridículas muecas que modulaba en el video. No alcance a decir nada ni confirmar lo que mis ojos veían. Un detective me llevó a mi departamento asegurándome que todo está bajo control, que el cuarto ya está nuevamente disponible y que no hay nada que ver ahí.

En 5 minutos los uniformados abandonaron el edificio. La puerta 27 fue restablecida, y el cuarto vaciado. El cartel de los avisos fue remplazado por uno pequeño que decía "se vende". La Vieja del 30 y otros más se asomaron para ver qué pasaba pero inmediatamente fueron persuadidos por los detectives. La huachita rica del 35 permaneció en su pieza. Seguramente tenía mejores cosas que hacer, o quizás no escuchó nada por el fuerte volumen de su reproductor de mp3.
Yo me acosté perturbado. La joven del 27 había muerto quién sabe cuando, pero su facebook aun estaba activo, como si lo hubiese programado. Sus cosas hablaban, pero las callaron.
Recuerdo cuando me enteré que la Villa Portales había sido digitalizda. Fui de los primeros en conectarme y el departamento 39 me pareció un buen dominio entonces. Ya no lo siento así y creo que la del 27 siempre lo supo.

martes, 17 de junio de 2008

U.R.L


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lunes, 2 de junio de 2008

Abajo, abajo, abajo.

Estaba muy tranquilo por afuera pero muy ansioso en mis tripas. Sentía como un vacío, no aguantaba estar tanto tiempo sin noticias. ¿2 días nomás? sí, los suficientes como para desesperarme.

Entonces no me decido. ¿Ser indiferente o baboso?
El problema es que no se por que razón me debo interesar solamente porque se presentó la oportunidad, total eso es lo que estaba buscando. Sí, hace bien, siempre. Lo disfruto. ¿Y después?
Quiero comer más, es solo hambre. Ne... si fuese solo hambre no estaría angustiado por no tener respuesta. ¿Entonces el bichito me picó? paré que si. Y en el segundo encuentro me descoloco sin saber que hacer, como si todo estuviese olvidado. No puedo pensar en otra cosa y no me siento tranquilo hasta reincidir. Entonces la tercera es más fácil. Ahí el resto es historia. Todo transcurre como la gente sabe, pero con el ingrediente secreto de la familia.

jueves, 29 de mayo de 2008

Operación Rastrillo (séptima y última parte)

A medida que avanzaban por el oscuro túnel las tapas del alcantarillado que iban dejando atrás saltaban permitiendo entrar toda clase de objetos perdidos. Cada vez era más difícil oír los imprescindibles ladridos de Manuel entre el ruido de los escombros cazadores y las espantosas frecuencias de las pisadas sobre los charcos pestilentes del desagüe. De pronto se detuvieron frente a un bifurcación. En medio del caos sonoro ya no tenían noticias de su lazarillo. Si esperaban quedarían sepultados por toneladas de botas viejas. Debían elegir uno de los dos caminos, aunque esto significara desviarse de su norte. La niña sugirió salir a la superficie. Martín aceptó calculando que ya se encuentran a escasas cuadras de su casa. Avanzaron entonces por el túnel izquierdo hasta toparse con una escotilla. Al subir por la escalera metálica pudieron oír nuevamente los ladridos de Manuel. Martín levantó lentamente la pesada tapa y mientras su fiel amigo lengüeteaba su nariz, echó in vistazo para cerciorarse que no hubiese peligro. Entre las cosas perdidas que cubrían la superficie pudo distinguir la vieja fuente de bronce de la plaza, esto le confirmaba que solo debían correr un par de calles para llegar a su departamento. Martín salió primero y ayudó a Juana y a la niña en el ascenso. Inmediatamente después se quitó las zapatillas y las dejó caer en las cloacas con la esperanza de despistar a las abuelas, luego cerró la tapa. Al incorporarse, Martín se encontró frente afrente con las pálidas ancianas. Juana y la niña estaban rodeadas por un grueso circulo de cosas. El retumbante y grave gruñido de Manuel aumentaban la tensión en los nervios de su amo y luego de un silencio que pareció durar horas, el can invocó a sus ancestros lobos danzándose al ataque. Las viejas, aun inmóviles, bloquearon la embestida formando una barrera de minúsculos artículos electrónicos y relojes. Manuel cayó al como si fuese un trapo viejo pero sus leves gemidos indicaban que aun se encontraba con vida. Martín intento correr al encuentro de su amigo, pero la barrera de escombros lo alcanzó desplomándose sobre él. No podía ver nada, solo oía la forzada respiración de Manuel.

Su cuerpo estaba desorientado, no podía diferenciar arriba de abajo. Su desesperación aumentaba mientras oía los gruñidos de Manuel, los gritos de Juana, los llantos de la niña, el zumbido de las abuelas flotando y el estruendoso choque de miles de objetos de todo tipo. En la plaza se desarrollaba una fantástica batalla mientras Martín se encontraba imposibilitado. Cualquiera que fuera el resultado no podía hacer nada al respecto. De pronto, entre la oscuridad de su prisión de escombros pudo distinguir un reloj de bolsillo. Esforzándose al máximo lo alcanzó con su adolorida mano izquierda. Luego de un desgarrador movimiento puso la otra mano sobre el artefacto y comenzó a darle cuerda lentamente intentando recuperar por completo la movilidad de su aturdido cuerpo. Desesperado, Martín enfocó su atención en el sonido del reloj intentando reunir fuerzas para liberarse. Al cabo de un rato no oía nada más, incluso su respiración se había esfumado del campo auditivo. En medio del monótono crujir del reloj comenzó a oír un débil canto. Parecía ser la voz de la niña, entonces, sin dejar de darle cuerda al reloj, comenzó a remover los escombros y patalear hasta que pudo ver un punto de luz. Asomó su mano por aquel pequeño túnel y pudo sentir la cálida lengua de se mascota.
Manuel mordió con cuidado la manga de Martín y tiró con fuerza hasta que la mitad de su cuerpo salió de entre el montículo de arena. Un niño de unos 4 años lo miraba con seriedad mientras lentamente dejaba de cavar con su palita. Manuel babeaba agitando enérgicamente su cola. Desde los columpios Juana interrumpió su canto para reírse con fuerza. Martín, desconcertado, buscó el reloj, pero solo encontró tierra entre sus manos.
No habían rastros de la niña. Al mirar a Juana Martín notó un alegre semblante, como si su espíritu no fuese el de una mujer adulta.
Finalmente se incorporó y camino hacia Juana para luego columpiarse a su lado. La luz del sol brillaba nuevamente con un fabuloso tono amarillo, confirmándole que ya no estaba perdido

jueves, 15 de mayo de 2008

Operación Rastrillo (sexta parte)

Era una niña que no pasaba los 10 años. Sus ojos azules reflejaban una mirada seria que parecía comprenderlo todo, como si los años que llevaba perdida le hicieran crecer en sabiduría. Llevaba un vestido verde pálido que estaba un poco sucio pero tenia la apariencia de haber sido usado por primera vez. Sobre sus hombros brillaba una desordenada melena castaña adornada por un pinche blanco que parecía ser del mismo material que las uñas de sus pies descalzos. Algo en su cara le parecía familiar, entonces pensó en la foto del carné de identidad de Juana. ¿Eran la misma persona?
Antes que Martín pudiera pedir explicaciones, la niña toma a Juana de la mano ordenando irse del lugar antes que sus abuelas se den cuenta.

Martín, aun desconcertado, entendió la gravedad del asunto y asintió con la cabeza para luego comenzar la retirada sigilosamente. Al llegar a la entrada notó que la imagen había desaparecido del portarretrato. La niña hecho a correr tirando del brazo de ambos mientras aseguraba que ya era demasiado tarde.
Los tres salieron de la casa fugazmente pero luego se paralizaron al notar que todos los escombros esparcidos por la calle se removían como si tuviesen vida propia. Una gran pila de juguetes viejos los rodeó bloqueando ambas salidas de la calle y seguían avanzando con la intención de sepultarlos, pero en el último instante Martín levantó la tapa del alcantarillado e hizo descender a las dos mujeres, luego lo hizo él y al tapar la vía de escape pudo ver a las dos abuelas acercándose con sus negros vestidos.
Estaban a salvo por el momento. Antes de darse a la fuga por las calles subterráneas, Martín enfrentó a Juana buscando entender los sucesos de una vez por todas, pero ella permaneció muda y con la mirada perdida ante las exigencias. La niña, sin soltar la mano de Juana comenzó a hablar con tono serio:

“Mis abuelas desaparecieron hace mucho tiempo. Yo las encontré, pero no me dejaron volver"

Martín aún ignoraba muchas cosas, pero no era el momento de entenderlas. Por un extremo del alcantarillado se oía venir una avalancha de pequeñas lagartijas, peces, hámsters, anillos, botones y monedas. Echaron a correr entonces por el otro lado buscando alcanzar otra salida. Debían volver al departamento de Martín para así regresar a su mundo a través del mismo pasadizo por le cual habían entrado.

Luego de avanzar lo que parecía ser varias cuadras, Juana se detiene abruptamente y mira hacia arriba. La niña intenta moverla pero ésta no reacciona. Martín regresa con ellas y pide silencio. A través del techo de asfalto y tuberías podía oír los desesperados y alentadores ladridos de Manuel. El rostro de Martín se llenó de alegría y con tono juguetón y grave al mismo tiempo le ordeno al fiel can que los dirigiese hasta la plaza, esa misma en la que correteaban años atrás, y que estaba solo a dos cuadras de su departamento. Con fuertes ladridos Manuel hecho a correr mientras los tres fugitivos seguían atentos la pista sonora.

lunes, 12 de mayo de 2008

Operación Rastrillo (quinta parte)


Caminar por las calles de aquel mundo era muy difícil, no sólo por los obstáculos. Para Martín y Juana no era fácil enfrentar el miedo con un profundo deseo de curiosidad. Sabían que adentrarse en la ciudad significaría perderse y perderse ya no es la misma palabra.
La casa de Juana aun se encontraba a un par de kilómetros hacia el centro. A medida que se acercaban a la plaza de armas se hacía más difícil esquivar los escombros que, en forma de grandes montículos, cubrían la totalidad de la calle.
Ya era pleno día y el sol brillaba insoportablemente. Los edificios en su mayoría estaban cubiertos hasta el 5º piso por montañas de juguetes, cuadernos, joyas, autos, ropa y todo tipo de objetos, los cuales eran removidos por cientos de canarios amarillos que posiblemente buscaban comida o el camino de regreso a sus jaulas.
De pronto Manuel se detuvo y comenzó a aullar, estaba muy nervioso y a pesar de la insistencia de Martín el can no quería moverse, claramente estaba aterrado, no quería penetrar en el oscuro corazón de la ciudad. Martín lo sabía, lo sentina y lo podía leer en los profundos ojos de Manuel, pero los azulados ojos de Juana decían otra cosa. Ella necesitaba encontrar su objeto perdido. No valía la pena insistir, ella tenia que continuar con la búsqueda y él debía acompañarla.

Martín se despidió de Manuel con un fuerte abrazo diciéndole que regresaría para llevárselo de vuelta a casa. El perro pareció obedecer pues mientras se alejaban por los escombros aún podía se ver la silueta del animal inmóvil como una estatua pero atento a cualquier amenaza.

Pleno centro. Un profundo frío bajo la insoportable luz azulada. Junto a un edificio antiguo, a dos cuadras del centro exacto de la ciudad, nacía una estrecha calle donde se alzaban pequeñas casas de adobe todas pintadas con diferentes colores pasteles. Entre la acumulación de objetos perdidos que cubrían las edificaciones hasta casi el techo, Juana distinguió una pequeña placa de metal donde se podía leer un blanco y oxidado 679. Aquella casita roja de puerta blanca era el hogar que la había albergado durante su infancia.
Martín comenzó remover los escombros y en pocos segundos pudo liberar la puerta. Al abrirla notó que el espacio estaba prácticamente vacío. Solo había un enorme y viejo portarretrato donde se distinguían dos viejas vestidas de negro. En el reflejo del sucio vidrio Martín pudo ver a Juana inmóvil. Estaba llorando. Martín la animó con un fuerte abrazo mientras ella le explicaba que aquellas tétricas señoras eran su abuelas. Luego le tomó la mano instándola a entrar. El polvoriento living estaba vacío, la cocina y el baño también. Había una pieza a cada lado del corto pasillo y al fondo otra más. Juana se adelantó y fue directamente hacia la puerta del fondo deteniéndose a medio metro de esta. Martín oyó pasos y sugirió volver, Juana lo calló señalándole la puerta. En el hueco entre la puerta y el suelo se veía una sombra moviéndose de un lado a otro. Martín retrocedió un par de paso y luego se volvió a acercar cuando Juana apoyó suavemente su mano en el picaporte de bronce. Al girarlo la sombra se detuvo justo frente a la puerta. Juana hizo una pausa y miro a Martín con una expresión vacía, luego volvió hacia la puerta y la abrió de golpe. Juana cayó de rodillas. Martín observaba paralizado.

sábado, 3 de mayo de 2008

Operación Rastrillo (cuarta parte)

A medida que avanzaban por la maravillosa calle, más extraños se sentían. Era como estar en una tienda de antigüedades pero sin el dueño presente evitando que los curiosos visitantes manoseasen sus valiosas reliquias. A pesar de esto ni Martín ni Juana se atrevían a tocar la infinita mercancía esparcida por la no-ciudad, sólo se limitaban a caminar boquiabiertos como si estuviesen entrando en el área prohibida de una fábrica, movidos por un excitante deseo de aventura pero envueltos en una nube de terror.

Luego de andar un par de cuadras comienzan a oír sigilosos pasos y unos casi imperceptibles cuchicheos. Probablemente alguien los estaba siguiendo. El rostro de Juana se arrugó levemente mostrando cierta preocupación mientras se aferraba en busca de protección al brazo de Martín que por orgullo machista no podía demostrar flaqueza, pero el confortable calor que generaba el contacto de su cuerpo con el de Juana le hacía sentir una extraña satisfacción mezcla de seguridad y excitación la cual llevaba la mente de Martín por pensamientos pecaminosos, olvidándose por momentos que alguna metapresencia los vigilaba. De pronto un aullido sacó a Martín de su trance. Juana identificó el origen del sonido y apunto hacia una estación del metro. Ambos bajaron las escaleras con cautela esperando lo peor. Llegando a los últimos escalones Martín soltó abruptamente el brazo Juana y corrió al encuentro de una extraña silueta. No era una bestia, Martín reconoció entre los escombros y la luz fluorescente a Manuel el perro que había perdido cuando era chico. Lo abrazaba entre sollozos y risas mientras el quiltro le lamía la cara cariñosamente demostrando que efectivamente era su mascota. Esto despertó en Martín una sensación muy extraña. Además de la satisfacción de recuperar a su mascota, descubrió que en este mundo no solo se hayan las cosas perdidas, sino que también el tiempo no pasa, o por lo menos lo hace a un ritmo menor, pues de lo contrario sería imposible que después de tantos años Manuel siguiera con vida. Luego de unos instantes frunció el ceño y sin dejar de acariciar a su perro pensó que si en este lugar hay mascotas perdidas es posible que también se encuentren personas extraviadas. Tal razonamiento hizo que inflara su pecho en pose de héroe mientras comunicaba su teoría a Juana, la cual no se alegró en lo absoluto. Según ella estaban invadiendo un territorio prohibido y de haber personas no serian necesariamente amigables.

El pecho de Martín se desinfló como un globo pinchado. La teoría de Juana no era tan descabellada, él mismo había sentido una energía oscura y mientras caminaba podía ver siluetas escondidas bajo las sombras. Algo en las palabras de Juana le producía escalofríos. No hablaba mucho, pero cada intervención tenía la exclusiva función de advertir los peligros del lugar, no con un tono de cobardía, más bien parecía una muy poderosa intuición, como si algo de ella ya conociera el lugar. No quiso seguir pensándolo. Inmediatamente después sugirió ir en busca de algunos objetos perdidos antes de volver al mundo verdadero. Lo que él necesitaba se hallaba en su departamento, pero el objeto del deseo de Juana se encontraba en la casa de su infancia, a varias cuadras de distancia. Luego de meditar unos instantes, aceptando el riesgo de encontrarse con seres perdidos quizás malignos, Martín asintió con la cabeza y siguió a Juana por las escaleras del metro mientras llamaba a Manuel con repetidas palmadas en sus muslos.