jueves, 9 de junio de 2011

Navegando

El despertador de la TV se accionó a las 5 de la mañana, media hora más estaba en el puerto de Iquitos. Allí abordé una lancha turbo, una especie de bus acuático ultra rápido, que en 20 horas me llevó hasta la triple frontera.
Del lado peruano hay un pueblito en una isla llamado Santa Rosa, luego, cruzando el amazonas hacia el norte hay una ciudad grande dividida en 2: del lado colombiano se llama Leticia y en Brasil Tabatinga.
Después de sellar mi salida en la aduana peruana me dirigí a Leticia. Allí sentí inmediatamente una energía positiva muy poderosa. Todo en Leticia emanaba una fuerte alegría colombiana, desde los habitantes hasta los pájaros que acudían en masa a la plaza, como en la película de Hichcock. Faltaban dos días para que saliera el barco hacia Manaos, entonces decidí pasarlos en Colombia. Parte de mi quería seguir viaje por ese país, allí, junto al rio, ví el mas precioso ocaso de mi vida.

Al medio día del sábado estaba yo en el puerto de Tabatinga haciendo cola para subir al Voyager IV. La policia federal dispuso los equipajes en tres filas y, luego de un estricto control que incluía perros adiestrados, por fin estaba abordo.
Instalé colgué mi hamaca entre una pareja de belgas y un antropólogo paraguayo que se dirigía a Guyana a trabajar con una comunidad nativa.
El Voyager IV es un Barco de Madera de 3 pisos, en los dos inferiores se cuelgan las hamacas (un centenar quizás) y están los baños y el comedor mientras que la cubierta superior tiene un barcito. Allí los días eran más o menos iguales: a las 6 de la mañana me despertaba un timbre que anunciaba el desayuno, consistente en pan, mantequilla y café con leche. El almuerzo y la cena se servían alas 12 y alas 18 respectivamente. El mismo timbre anunciaba las comidas y los más atentos corríamos para agarrar los primeros puestos, pues, debido a la gran cantidad de pasajeros, se comía por turnos que eran controlados por un viejito con aires de profesor rural. La comida funcionaba como un buffet, pero no había mucho para elegir, pues siempre se servía lo mismo: fideos, arroz, carne y pollo cocido y porotos.
Además de leer y contemplar la selva el tiempo lo pasaba jugando un diminuto ajedrez magnético y conversando con el grupete de turistas, que ademas de los ya mencionados incluía a un chef servio, 2 inglesas que se encargaban de entretener alas niñitas del barco, 3 estadounidenses y un sueco. Con ellos vi la final de la Champions League el primer día de viaje.
Luego de 4 días llegamos a Manaos como a las 7 de la mañana. Todo el grupo fuimos a parar al mismo hostal.

Manaos es una ciudad bien grande, como cualquier otra, con un centro histórico pintoresco, fabricas de autos y electrodomésticos y el célebre Teatro de la Opera. Quizas habían más atractivos pero el calor no me permitía hacer grandes pasesos, por lo tanto pasé los 3 dias siguientes en el Hostal, leyendo y conversando.
El último día ya se habían dispersado todos los gringos que venían en el barco. Yo partí solo hacia el puerto donde me embarqué en el Stenio Araújo con destino a Porto Velho.
Este barco era más o menos como el Voyager IV pero más chico, de sólo 2 pisos y de madera. Los turnos de las comidas y demás asuntos domésticos estaba a cargo de un viejo panzón desdentado que, según pude entender, había estudiado medicina en Bolivia.
El viaje lo pasé leyendo, escribiendo y conversando con Miguel, un oriundo de Santa Catarina que aprovechaba cualquier tema para menospreciar la política brasileña y sus coterráneos del norte, que según MIguel no tiene educación, son sucios, escuchan música de borrachos y bailan como Prostitutas. Fue difícil escaparse de Miguel, pues su hamaca estaba junto a la mía y era de los pocos que hablaban español. Sin embargo pude tener diálogos más estimulantes con Brett, australiano, y su esposa sur coreana (¿Kim Park Sun, Ji Chang) Duk?) Esta pareja estaba decidida a recorrer los grandes ríos de Sudamérica. Desde el Orinoco hasta el Paraná. Ahora se dirigían a los pantanales de Bolivia.
A pesar de todo el Stenio Araújo tenía sus enretenciones: por las noches traían un televisor de 14 pulgadas a la cubierta superior y Allí se apelotonaba un tercio de los pasajeros para ver el dvd en vivo de algun músico local, documentales, lucha libre y alguna película de Chuck Norris mal doblada al portugués.
Finalmente, después de casi 5 días de viaje, llegué a Porto Velho. Me instalé en un hotelcito barato, donde por 30 reales (unos 9 pesos chilenos!!!!!) tenía derecho a una cama y un ventilador.
Mi misión en Porto Velho era llegar a Misiones como fuera posible. Después de mucho averiguar compre un pasaje en avión, que valía un poco más que el pasaje en bus (el viaje en bus era de como 4 días). Así que después de dos noches en Porto Velho, inmovilizado por el calor, fui al aeropuerto y en 4 horas ya estaba en la República Argentina, con una temperatura agradable, precios aceptables, citroens y renaults viejos. Y bidé.

jueves, 2 de junio de 2011

Planta

La última semana la pasé en una pequeña cabaña en medio de la selva. Allí me entregué a los conocimientos de un Chaman llamado Luis. En esas tierras vive Luis con su señora Sara (tenieta governadora de una pequeña comunidad nativa) y sus hijos.
Durante ese tiempo me sometí a una extricta dieta vegetariana y a 3 maravillosas ceremonias de Ayahuasca, una planta con la que se prepara un brebaje que posee potentes propiedades curativas y en algunos casos alucinógenas. El Ayahuasca actua limpiando el cuerpo y abriendolo para que se cargue de energía, energía que pude sentir como nunca lo había imaginado: es una fuerte vibración, como si estubiera sosteniendo una motosierra. Podía sentir la planta actuando enmi cuerpo y de pronto me convertí en un insecto con muchas patas, estaba parado en una gran lancha que viajaba por el rio, desde allí vi paisajes de fantasía, criaturas de todo tipo, colores y sonidos de la selva, todo llenandome de mucha felicidad, como la que siente Homero Simpson en la Tierra del Chocolate.
Pero las visiones son solo una parte del proceso, lo importante es la limpiesa y la sanación que depende en un 50% de uno mismo, de la fe, de la rigurosidad en la dieta, un 20% de la energía del Ayahuasca, otro 20 lo pone Dios y el porsentaje restante es el aporte de Luis, que en todo momento me recordó en la mente existen dos opciones: si y no, mientras que en el corazón solo es posible el si. El Ayahuasca ayuda esclarecer los pensamientos y sentir el alma, y si la fe es fuerte puede cuarar cualquier enfermedad, incluso el Sida.
Los dias en la selva fueron de mucha tranquilidad. Pasé la mayor parte del tiempo solo con mis pensamientos pues el proceso activó mi mente generando muchas ideas y sentimientos. Observava los sonidos, las plantas, los insectos, la lluvia, caminaba, tocaba flauta y hasta llegué a hacer algo que no creia capaz de lograr: leer una novela de trescientas y tantas páginas en inglés que encontré entre una pila de libros en alemán que algun turista dejó quien sabe cuando.
Hoy me siento con energías renovadas y mucha confianza. Mañana me esperan 10 horas de viaje en lancha hasta la frontera con Colombia y Brasil, allí pretendo tomar otro barco hacia Manaos. Comienza Brasil!!

jueves, 19 de mayo de 2011

De la Sierra a la Selva

Han pasado muchos días desde que salí de Montañita: primero una semana en Quito, en el barrio cuico de Cumbaya, donde los primos de un vecino de Palomo. Allí fuimos bien atendidos, comimos como animales y aprovechamos de conocer la ciudad. En Ecuador se realizó la consulta popular donde la gente votó si o no a 10 propuestas del gobierno, entre ellas prohibir los casinos y las corridas de toros. Ganó el si, pero alcanzamos a gastar unos 100 dolares en la ruleta y el poker antes de que cerraran estos recintos.
La siguiente semana la pasamos en Baños, el pueblo turístico estrella del Ecuador, con una onda parecida a Pucón, en medio de las montañas y lleno de cascadas. Allí hicimos un paseo en bici al Pailón del Diablo, una cascada espectacular, mas cercana a los dioses que al demonio, pero al estar desnudo bajo sus furiosas aguas pude entender la razón de su nombre. Luego nos fuimos a Coca, en la parte más oriental del país, donde se acaban los caminos. El último día en Coca, recién pasado el amanecer me despedí de Palomo que ya comenzó su retorno y yo me embarqué en una lancha larga con varios pasajeros que en 10 horas me dejó en Nuevo Rocafuerte, un pueblo en la frontera con Perú.
Pasé dos días en aquel pueblito viendo como llegar a Iquitos, pues no tenia mucha plata a mano y estaba muy lejos del próximo cajero, pero por fortuna llegó un barco de carga que se ofreció llevarme a Iquitos por 70 dolares, incluyendo comida y cama.

Ese día me levanté antes del amanecer y me uní a la tripulación de Impesa IV, un pequeño barco de 2 pisos que empujaba una gran plataforma con 27 sacos gigantes de cemento y extraña maquinaria petrolera. Elegí mi camarote, me acomodé y con un pucho contemplé la salida del sol. Luego Gilberto, el capitán, encendió el motor mientras Rafael desenganchaba el barco y zarpamos los 3 por el río Napo. A las 2 horas de viaje cruzamos la frontera y llegamos a Pantoja, un pequeño pueblo donde hicimos migraciones. Ahí se nos sumó Shinji, un turista japones. Shinji es un farmacéutico hincha del Yokohama Marinos que dejó su trabajo y novia para recorrer América y ver a su selección en la Copa América, solo en Jujuy y Cordoba, pues no tiene esperanzas de acceder a segunda fase.
El viaje continuó en silencio. Me senté a contemplar el río marrón, la impresionante espesura verde de las orillas y el antojadizo espectáculo de nubes, cielo y lluvia. Cada 15 minutos pude ver en ambas orillas entre los árboles casitas como palafitos techados sin paredes y en algunos casos pequeñas aldeas conformadas por estas preciosas viviendas. Al oír el barco niños y grandes corrían a contemplar el evento del día.
Al atardecer Rafael nos deleito con arroz, bagre frito, yuca, plátano cocido y menestras.
Una vez satisfechos nos anclamos junto a una aldea para pasar la noche. Algunos aldeanos se acercaron en canoas para cambiar plátanos y gallinas por gasolina. Los adultos negociaban y las niñitas, que correteaban por el barco, nos miraban con ojos brillantes y sonrisas avergonzadas.
Esa noche me dulce con un balde de agua marrón y me sentí mas limpio que nunca. Acompañados de unos puchos, con Shinji contemplamos las luna llena entre las nubes hablando de los gringos, de fútbol, mujeres y Dragon Ball.
A las 9 el barco se quedó a oscuras y en silencio, revelando el estremecedor murmullo amazónico, interrumpido pro momentos por el sonido del agua golpeando el casco metálico del barco.
Los siguientes días fueron más o menos iguales, hasta que el cuarto día, recién salido el sol, llegamos al pueblo de Mazan, allí tomamos una lancha rápida que por 12 soles nos dejó a mi y al ponja en Iquitos. Pasé el dia dando vueltas por la ciudad, admirando los comercios, las mercaderías, la gente, los motocar (motos triciclos que sirven de taxi), las edificaciones afrancesadas y venidas a menos, los olores, los colores, el ruido y el agobiante calor.

viernes, 22 de abril de 2011

Burbuja

Montañita es un balneareo de ficción, constantemente llegan turistas como hormigas después de un picnic. En el pueblo hay gringas en hamacas, artesanos y malabaristas de todo tipo, carritos con comida, discotecas, restaurantes pseudo étnicos y bares ambulantes. Todas las noches hay fiesta, abunda la marihuana, el alcohol, la coca y el sexo. De cada 3 locales en uno suena música reggae y las olas convierten a Montañita en otro epicentro surfista. Sin embargo, en la punta, alejada del pueblo, todo es más tranquilo, allí está el camping de Vito. Vito es un loco de unos 60 años, mezcla de Charly García, el Señor Miyagi y Gollum. El tipo de joven era buzo y hace 36 años se instaló en la zona cuando solo había un par de casitas. Hoy sus vecinos son hoteles y cabañas carísimas mientras él solo cobra 2 dolares por persona. En su oasis la gente se queda meses, algunos no pagan y pasan a ser parte de su grupo de esclavos o hijos putativos como él los llama, otros sobreviven vendiendo mojito en la playa, artesanías, animando carretes o vendiendo sanguches. Para todos ellos Vito es como un padre, o un tío medio loco, que les cocina, los putea y los sana con sus pócimas de la selva y del fondo del mar.

Todas las mañanas el calor me saca de la carpa, entonces me tiro en una hamaca en la terraza que da al mar. Pasa el rato y ya hay tres zombies más en la misma condición. De a poco terminamos de estar dormido y el hambre comienza a taladrar, nadie quiere ir pueblo con este calor, en verdad nadie quiere moverse de su hamaca, quizás solo para tirarse al agua. Únicamente nos queda esperar el desfile de vendedores ambulantes. A lo lejos se ve un hombre cargando mercancía, todos levantamos la cabeza pero la volvemos a bajar cuando descubrimos que se trata del tipo que vende hamacas y sombreros, luego viene el de las empanadas con poco queso que solo están calientes si el día no esta nublado, algunos le compran al de las cazuelas y camarones apanados con arroz, después se aparece la francesa que vende galletones con sabor a mantecol, también el de las empanadas de pollo con ají y limón y, por supuesto, el tipo que vende cigarros.
A lo mejor Vito cocina algo esta noche, sino un choclo asado con queso en el pueblo, luego cerveza. Y ron. Y una empanada. Y 2 plátanos para el desayuno, ya sabemos que los días son largos, pero no aburren, hipnotizan. Mas todo aquí es una mera ilusión, una fantasía de fiesta, vicio, y conversaciones banales. Ya me quiero ir.

sábado, 26 de marzo de 2011

Hoy

Los días pasan sin el peso del calendario El ocioso silencio se disfruta y da mucho que pensar, ya sea en el futuro o en el presente. De 20 hostales ¿Cual fue el mejor? ¿Cuanto he gastado en encendedores y papel higiénico? Me voy el lunes o me quedo? Hasta que el hambre calla todas las voces y me lleva a la calle. Recorro el pueblo en busca de un menú barato, una hamburguesa (le ponen papas, ensalada y todo al pan y las salsas las hacen cundir con agua), churros o fruta, descubro almacenes que no había visto, ve las´mismas artesanías de siempre y un incesante desfile de morenas peruanas y gringas rubias. Ya satisfecho intento dormir un poco en la playa mientras mi mano juega con la arena, entonces el calor se vuelve insoportable y al mar, una playa espectacular, agua tibia u olas precisas. ¿Unas cervezas? claro, 4 por 10 soles la Club. Las botellas pasan, cae la noche y el calor apenas disminuye. Mientras tanto llega más y más gente a los locales de bambú. La música sube el volumen y de pronto todo Máncora es una fiesta en la playa con tragos de colores y nombres ridículos, pachanga y música electrónica. De pronto el hueveo se acaba, en 5 minutos todo se apaga. Ya son las 3 de la mañana y la ley dice no más, sin embargo la multitud no tiene sueño, todos viven la ilusión de la fiesta eterna, aun hay artistas en monociclo y malabaristas de fuego, parejas en la playa y gente en movimiento. Los cabros de la feria me dicen que la fiesta sigue en "El Ponit", un hostal de lujo a 15 minutos caminando por la playa. Fuimos y en 3 horas ya estábamos de vuelta, el sol se asomaba y yo cerraba los ojos.
Calor, mucho calor. En el hostal de al lado suena una banda de cumbia en vivo y son las 10 de la mañana de un día domingo. Me ducho con agua fría y no tengo ganas de salir; juego ajedrez, leo en la hamaca, escribo, fumo y sigo escuchando la monótona cumbia romántica que no se detuvo hasta las 6 de la tarde, cuando ya habían cumplido su horario de oficina. Quizás hicieron una pausa para almorzar, no se, pero imagino a los músicos con sandalias, camisas floreadas, teclados y trompetas encadenados a una gran bola de acero, cagados de calor, obligados a sonreír, haciendo que la fiesta no se acabe nunca.
Sigo viaje por que avanzar me motiva. Dejo atrás una semana placentera en Máncora y esta noche viajo a Guayaquil, Ecuador.

sábado, 19 de marzo de 2011

Cero Metros

Y fuimos a Machupicchu. El camino fue un verdadero rally; el chofer (que en verdad corría rally) llevó la combi y sus 12 pasajeros al límite por una angosta carretera de tierra que constantemente se enroscaba en los frágiles cerros esquivando precipicios, derrumbes, ríos y la espesa selva que comenzaba a asomarse. Lego de infinitas vueltas la montaña rusa se detuvo junto a las vías del tren en una Hidroeléctrica escondida al interior de las montañas. Ahí iniciamos, al atardecer, una caminata de dos horas hasta Aguas Calientes. Llegamos de noche, mojados y hambrientos, sin embargo pudimos disfrutar, después de mucho tiempo, de una ducha caliente y con presión. Como a las cuatro de la mañana comencé a caminar hacia la magnífica ciudad construida por Pachacutec. Llegué minutos antes del amanecer y hasta el medio día me perdí por las terrazas de tiempos remotos y vidas pasadas.
Antes de volver a Cuzco tuve tiempo de recorrer Aguas Calientes, un pueblo dentre una y cinco estrellas que brilla en medio de la jungla, para regocijo del turista de cualquier tipo, durmiendo junto torrentoso río Urubamba. Daba la impresión de que el pueblo solo era una molesta roca que por casualidad cayó al río y no tardará en desaparecer.
El camino de vuelta fue igual de intenso, pero mas animado gracias a un grupo de chilenos que paraban en cada pueblito a comprar Pilsen Callao y tres chicas griegas (todas llamadas María) que no paraban de celebrar.

De Cuzco salimos a las 5 rumbo a Pisco, en la costa. A la media noche nos comimos un derrumbe que nos tubo toda la noche parados rodeados de niños inquietos y escurridizos aromas a baño químico y mierda. 20 horas después llegamos Nos vajamos en el cruce de la Panamericana con Pisco habiendo pasado por un ciclo de cine de la más fina selección: Rápido y Furioso de la 1 a la 4 soportando el calor en un lento y cobarde bus. Si hubiésemos viajado directo a Lima veíamos también la parte 5.
La urbanización donde nos vajamos correspondía a la Villa Tupac Amaru, a unos 10 minutos de Pisco. En Pisco comimos hamburguesas, fumamos, dimos una vuelta y volvimos a nuestro alojamiento en la villa. Me dio la impresión de estar en una mezcla entre Algarrobo y Calama.
A la mañana siguiente viajamos a Lima. Nos hospedamos en el centro, en la azotea de un antiguo edificio centenario, con el balcón mirando la estatua de San Martín en la plaza del mismo nombre. Lima conserva muchos edificios y casa antiguas en muy buen estado. Posee un centro limpio y lleno de turistas y comercio. Es muy parecido a Santiago; de noche salen las putas y travestis, por todos lados hay gente buscando carrete y hasta el amanecer se puede comprar una hamburguesa. Pero lo más similar son ciertas calles y barrios que evocan a Ñuñoa, Macul, Bellavista, Pocuro, Bilbao o Av. Matta. En las calles no se cansaban de repetirnos que somos pueblos hermanos pero las elecciones próximas a realizarse despertaban un creativo fervor patriota y chovinista: en un lienzo podía leerse "Toledo, candidato de Chile y del Anticristo"

Con una leve resaca de piscola peruana pasamos la noche en un bus rumbo a Trujillo. Llegamos a las 8 de la mañana y fuimos directo a Huanchaco: un diminuto paraíso surfista en medio del desierto con preciosas casas de concreto y curiosas ruinas. Por momentos no se si Huanchaco se esta construyendo o desmantelando. De todas formas el verano acá se acaba y podemos gozar de los bajos precios y de la poca gente, aunque los gringos no se cansan de aparecer (mientras más al norte, más gringos). Recorremos el paseo costero, comemos el menú de 5 soles y vemos la Champions League en el hostal. Mañana Jueves partimos a Máncora, el último paraíso taquilla del norte del Perú.

martes, 8 de marzo de 2011

Tongoy

Sucre es una ciudad blanca, antigua y moderna, como una radio a tubo bien conservada. Los niños juegan con espuma "Rey Momo" y hay que estar atento porque en cualquier esquina se puede ser victima de una emboscada de agua desde algún auto o balcón. Una pequeña niña armada con la ultima tecnología lanza agua con estanque de reserva en la espalda y doble cañón puede arruinar tu ropa recién lavada. Sin embargo en Oruro las preocupaciones son otras. A una semana del inicio del carnaval, el gremio de transportistas amenaza con impedir el desarrollo normal de dicho evento si no se atienden sus alegatos: mantener el alza de las tarifas (50 centavos más para el boleto de micro). Pero pareciera no importarle a la gente, cp,p si consideraran infantiles o falsas las amenazas de estos trabajadores. En el viejo, sucio e hiperquinético Oruro nadie puede luchar contra el rito religioso. El mercado rebosa de productos imprescindibles para fusionar tiempo sagrado y profano en un solo momento místico: fuegos artificiales, máscaras, vírgenes, santos, bombos y zampoñas. Ya se siente el olor a fiesta, pero aun no hay turistas. Las distintas escuelas y agrupaciones ensayan durante las noches acaparando plazas y compitiendo entre ellas, sobre todo agrupaciones de jóvenes orgullosos de su cultura, cantándole al amor en un trance murgero.
el tiempo en Bolivia se nos acaba y Oruro tubo que ser desechado. volvimos a La Paz y vimos a los transportistas hacer de las suyas: tenían bloqueos en el camino, barricadas y neumáticos encendidos, vimos a unos hombres apalear a un temerario taxista que decidió trabajar, nos apedrearon el bus y paramos en el camino, lejos del terminal.

En La Paz, ruidosa y vibrante, nos encerramos en la burbuja turista. Compartimos pieza con unos chilenos recién llegados (se dirigen al carnaval de Oruro) en el hostal Paris y carretiamos al ritmo del ron "Boca Rica" (16 Bolivianos, unos 1000 pesos).

Luego de dos maravillosos días al pedo nos fuimos a Copacabana, ciudad preciosa, donde el ladrillo desnudo sí alcanza armonía con la arquitectura colonial. allí los hippies venden sanguches y caipiriña para extender su estadía a orillas del infinito Titicaca. Y por supuesto fuimos a la Isla del Sol. Un bello oasis turistico pero sin magia. Las ruinas incas no hacen más que coronar un adorno, un cenicero o una concha con ojos de plastico en cuya base se puede leer "recuerdo de la Isla del sol". Sin embargo la tradición Mitimae está presente ahí: aymaras orgullosos de su pasado inca.
Volvimos a Copacabana. Tomando una cerveza en el Kiosco Carmencita a orillas del Titicaca el Palomo me comenta que Copacabana es igual a Tongoy, en eso llegan dos borrachos montados en una bicicleta, saludan a Carmencita y le piden 2 paceñas de 600ml. Nos hablan de lo lindo que es Iquique, de lo caro que es comprarse un auto en Bolivia y del mal desempeño de Evo. 2 borrachos podrían decir lo mismo en Tongoy... pero con una Escudo y una empaná de pino CALIENTE.

Ayer jueves cruzamos la frontera sin saber en que país nos encontrábamos hasta que llegamos a Cuzco, el lugar más turístico que he visto en mi vida. Te atienden como rey y te persiguen para que les compres bufandas y gorros. Por lo menos aquí hay cultura gastronómica.
Anoche nos quedamos en una pieza con baño privado limpio y televisión con cable. Vimos tele hasta las 3 de la mañana.
Este finde vamos a carretiar como corresponde y quizás el lunes o el martes vamos a Machu Picchu.Ojala el turismo no arruine las ruinas.

jueves, 24 de febrero de 2011

Impresiones

En Potosí marchaban con asombroso orden las distintas juntas de vecinos, cooperativas, cholas y agrupaciones de toda clase en dirección a la plaza principal clamando "NO AL TARIFAZO, EL PUEBLO TIENE HAMBRE" y así como llegaron se fueron. Sin disturbios ni desmanes típicos de las violentas manifestaciones de descontento en Plaza Italia.
Sin embargo el sábado nos mostró una faceta diferente. La lluvia cálida y fina instaló el ambiente húmedo del Carnaval Minero. El Tío (diablo, dueño de la mina) bajó del Cerro Rico, celebrado por los bailes borrachos y coloridos de las Cooperativas Mineras. Entre bombitas de agua, espuma, y comida típica, el pueblo se apiñaba en los pobres cerros a disfrutar el desfile de las surreales diabladas que bailaban al ritmo de bombo, caja, tuba, trombón y trompeta.
La lluvia continuó durante todo el día y cuando nos fuimos a dormir aun faltaban por desfilar unas 20 Cooperativas.
Hoy domingo abandonamos el pobre, rico, bello y feo Potosí para desembarcar en Sucre, otra Bolivia, limpia, blanca y de clase alta pero siempre escupiendo sobras humanas.
Sucre me recuerda, no se por qué, un poco a Bahía Blanca, por ciertos barrios, calles y casas y por sobre todo, como en toda Bolivia, por las casas de ladrillo al descubierto sin terminar de construir, como en Ángel Brunel 679.
Nos instalamos en un un precioso y antiguo hostal de 200 años con balcón hacia el mercado. Desde allí pude pasar horas observando el organico moviemiento de la ciudad, su aroma a comercio, su psicodelico color y y la armonioso barullo de bocinas, gritos, silbatos, radios, pregones y risas.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Memoria

Jorge despertó medio borracho, el sillón estaba babeado y no le quedaba ningún cigarro.
Luego de unos minutos encontró su billetera detrás de un mueble y sus llaves en la cocina. Salió sin despedirse y montó su bicicleta. A ritmo torpe y peligroso se cruzó con quienes comenzaban el día. Sudando cerveza llegó a su casa no sé si completamente sobrio o más borracho y haciendo más ruido de lo que podía oír guardó la bici como pudo y se derrumbó en su cama.
Mientras el sol entraba por su ventana una pequeña pero molesta voz le contaba una historia de terror o un cuento de hadas. De a poco se iba hundiendo en un pozo girando lentamente, lentamente, muy lentamente. Y PAf!!!! El almuerzo estaba listo.

¿Qué hiciste anoche?

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Fauna

Mosaico naranja se cierran las puertas. Próxima estación: Alcántara.
¿A dónde va la gente? Miradas perdidas, trámites, lavar la ropa, comprar el regalo, ir donde Juanito, Escuela militar. Busco un alma igual en cada reflejo pero me ignoran o me apañan durante algunos segundos enrojecidos de vergüenza, por favor abordar el siguiente tren
¿Adónde va la gente? ¿a dónde va la colorina con una mandarina en el bolsillo de la mochila? Se cierran las puertas y no se dan cuenta que yo siempre observo mientras ella, chaqueta escocesa, descansa muy cansada y él habla y habla y habla y ese escucha y aquel lee. Ese me mira. Si usara audífonos no me daría cuenta. Cuidado con el cierre de puerta. Nadie usa la escalera antigua. Afuera es otro mundo

lunes, 29 de marzo de 2010

Deseo

Hacía mucho frío y no te diste cuenta. Dormías, como siempre, con la puerta del balcón abierta, pero esta ya no era tu casa y la temperatura no era la misma. Entonces te despertaste minutos antes del amanecer y la cerraste. Quisiste volver a dormir pero ya no tenías sueño, estabas cómodo, no tenías frío y la luz que entraba por la cortina de paja era maravillosa. Tampoco te levantaste en seguida. 
No tenias apuro.
De pronto la cama ya no la sentías cómoda, el sol salió por completo y las sábanas dejaron de ser suaves. Además tenías hambre. 
No disfrutaste la ducha pues estaba tibia, ni fría ni caliente. Pensabas si seguir bajo el agua o salirte de una vez por todas  entonces te asomaste por la ventanita del baño y viste como el vapor recorría los techos de lata y los edificios hasta abrirse camino hacia el mar. Qué ridículo sería ver tu cara mojada desde el puerto saliendo de una ventanilla en un océano de casuchas. Te secabas y pensaste en desayunar en el puerto. Mientras esperabas tu sándwich quisiste pasar unos días mas en Puerto Montt y buscar trabajo en algún barco oxidado, pero te embarcabas esa misma tarde.
La barcaza Puerto Edén se alejaba lentamente con la ayuda de unos diminutos y potentes remolcadores. Te viste haciendo ese trabajo, te viste con una gorra gris y siempre acompañado de un termo, te viste tomando una siesta en los días de tempestad mientras el puerto permanecía cerrado. Y te viste ansioso de cruzar el Golfo del Corcovado a las cuatro de la mañana, entonces te sentiste no tan al sur, pues la Antártica aun quedaba lejos. Tu no sabias si ibas a llegar. No tenías apuro.

jueves, 25 de febrero de 2010

Sofía 5

Sofía desayunó como si nunca hubiese comido. Cornflakes con leche fue lo primero, pues los prefiere cuando aun están crocantes en contraste con la cremosa leche entera, nunca descremada. Luego una montaña de huevos revueltos sobre dos láminas de queso en una hallulla no muy sabrosa. Bebió la naranjada de un sorbo sin saborearla y por orgullo se trago el amargo café adulto que nunca jamás en su vida le gustó. Casi sin pensarlo guardó la diminuta manzana amarilla, el yogur de vainilla y la mermelada de ciruela de hotel barato en el bolsillo del chaleco de lana gris que se compró en Puerto Montt, "para el almuerzo", con un solo pan con mortadela no podía satisfacer su apetito siempre voraz. Suspiró relajando su ahora hinchado vientre y observó rápida y cuidadosamente al resto de los pasajeros en el comedor: gringos ciclistas, familias, camioneros y mochileros, todos con cámara en mano queriendo capturar para sus amigos las vacaciones que tarde o temprano se les acabará. Mientras Sofía escarbaba una muela con su más afilado meñique en busca de una miga rebelde, pensó en lo ridículo de su oficio de fotógrafa en estos tiempos, de lo inútil que es ante una realidad inabarcable y en la coincidencia que su cámara esté fallando, sin embargo una foto es la única pista que posee de aquella gemela perdida. Luego de deshacerse de la miga volvió a echar un vistazo al comedor del barco y se preguntó a dónde va la gente, sin darse cuenta que ella tampoco conocía su propio rumbo.

Sofía 4

3 de febrero 2010

Es difícil para mi pensar que existen otros, que hay alguien que no soy yo, que si le hablo con sinceridad puedo recibir satisfacciones.
Fui atendida por Gonzalo, primo de un amigo, y su señora en Puerto Montt. Me reí con su Agustín de un año y compartí con los suegros de Gonzalo. Fue un comienzo raro para este viaje. Una transición mágica en un cálida casita en los suburbios de la ciudad con sillas finas, comidas elegantes y onces abundantes.
Pasé la noche en el sillón y no dormií mucho. Al día siguiente los suegros me fueron a dejar al puerto. Un cigarro tras otro y el barco no partía. Una hora en la cubierta y una lancha nos empujo para poder salir al mar. Me comí 2 panes con mortadela y al anoche me tomé una cerveza conversando con Ariel, un viajero solitario, de los que hablan. Mañana llego a Puerto Chacabuco esperando encontrarme con turistas alemanes o morenos pescadores alacalufes.
Acostada se siente el vaivén de Poseidón como nunca lo imaginé. Cierro los ojos intentando no marearme y solo veo su cara, la mía. Es difícil imaginar que en alguna parte de este fragmentado sur la pueda encontrar habiendo tantos espejos.

4 de febrero

Soñé que la encontraba atendiendo un café, una casita de madera con tejas de alerce pintadas de morado. Ella me servía un café, yo lo saboreaba con los ojos cerrados y al volver abrirlos me encontraba en su puesto con su delantal, atendiendo a un viejo.

sábado, 20 de febrero de 2010

Truco

Después de recorrer gran parte de la Carretera Austral llegué a Balmaceda, poblado fundado en 1917, le primera localidad de la Región de Aysen y orgullosa de poseer el único aeropuerto de aquella basta zona.
Sin embargo Balmaceda es un pueblo zombie, muerto y habitado, enclavado en un inmenso valle forrado de viento, sin atractivos turísticos ni estéticos. Sus 600 habitantes son tranquilos fantasmas de la pampa preocupados solo del mate, el truco y la TV. Llegué a esta villa al final de mi viaje y recién ahí comencé a desentrañar el verdadero secreto de Aysen: la tierra de la naturaleza, la selva que solo puede ser habitada por primitivos Chonos canoeros desnudos, última región poblada y la primera en desgracia. Balmaceda, en franca decadencia, me mostró, casualmente celebrando su 93º aniversario, lo que significa el capitalismo, la patria y la falta de sabiduría. Balmaceda es un pueblo feo y bello, pobre, triste y tranquilo junto a la modernidad del aeropuerto tercermundista, donde viajeros franceses e israelitas desembarcan deseosos de de conocer el Ventisquero Colgante, la Catedral de Mármol, la Piedra Enclavada, pescar una trucha gigante y andar en kayak sin percatarse que a escasos metros de la cafetería del aeródromo, en la Brigada de Incendios, la junta de vecinos realiza una Mateada Familiar cumpliendo con el programa de la Semana de Balmaceda. Entre cigarros, mermelada de frambuesa, galletas, pan amasado y calzones rotos, se discute quien será la Reina y si el partido de fútbol se juega hoy o mañana; la orgullosa villa realiza la fiesta para sí misma, sin concesiones a turistas y lejos de la pirotecnia de las famosas fiestas costumbristas de los poblados más visitados. Balmaceda se aferra a la pampa para no desaparecer, aunque todos sus habitantes sospechan que así debería ser. Mientras tanto Mirna insisite en construir un restaurante y un hotel viendo cómo el vuelo 086 rumbo a las ciudades de Puerto Montt, Temuco, Concepción y Santiago despega.

viernes, 12 de febrero de 2010

Espectros

¿Cuantas mujeres me miran en la calle?
Si por cada mirada pudiera atrapar sus almas y utilizarlas cuando me convenga, sería entonces inmortal.

¿Cuantas mujeres tienen mi vida? ¿Cuantas veces me han robado a través de del reflejo del metro absorbiendo mi energía como una pila que lentamente se carga durante la noche?

martes, 5 de enero de 2010

Ecolocalización

La Perseguí hasta acorralarla en un rincón de la piscina. Ella muerta de vergüenza pero con ganas de más ¿y a mi qué? es que Gustavo y todos los demás me están mirando ¿y a mi qué?
Como una trampa para osos mis piernas aferraban las suyas frotándolas libidinosamente bajo el agua. Yo tiraba hacia abajo y la Gaby se agarraba del borde de la piscina. Dale que dale y se soltó, es que mi hermano  me está mirando ¿y a mi qué? La Gaby quería seguir jugando, no lo podía ocultar a pesar de sus palabras de cobardía, y no te voy a devolver los lentes. Entonces, de no se dónde sacó una moneda de cincuenta pesos, la voy a tirar y el que la encuentra primero gana. Es astuta la mina. Me sumergí e intenté dar con el tesoro tanteando el fondo a ciegas, no quería chupar cloro por los ojos. Al rato me aburrí de la excusa; sin salir a la superficie fui en busca de la Gaby para manosearla sin culpas y darle un beso sin que Gustavo y todo el mundo la mirara. Placer fugaz, si no botay el aire no nos vamos a hundir, Gaby. Un, dos, tres, de nuevo bajo el agua: ridículo, jamas romántico. Fue divertido. Luego me alejé rozando el fondo hacia el otro extremo de la piscina, me salí, le lancé los lentes, me tomé una cerveza, comí las sobras del asado y fumé con mis amigos sonriendo victorioso.
Al cabo de tres cuartos de hora la vi volver al agua. Yo me zambullí salpicando con escándalo en medio de una conversación y comencé a buscar la moneda. Me hundí lo que más pude mirando hacia la superficie, esperé unos segundos y cuando la vi pasar sobre mi, la agarré bien fuerte de la cintura y la besé. Me alejé en dirección contraria, al emerger la Gaby se reía frente a mi. Pancho, me confundiste con la Pía, la Pía, la Pía ¿quién es la Pía? miré hacia atrás y vi a la flaquita nadando de aquí p'allá como medallista olímpica.
La Pía, hablé con ella hace un par de horas, filósofa, increíble, no podía aburrirme de ella. Contar ideas, sensaciones, no historias, algo así hablábamos y luego Pancho, no te sientas obligado a quedarte acá y hablarme. ¿Que podía hacer yo? sonreír, sonrojarme, balbucear, vacilar e irme avergonzado de no se que. Y la Pía seguía su rutina de ejercicios náuticos mientras la Gaby se reía y flotaba deseosa de ser manoseada una vez más. Una vez mas como si nada hubiese pasado y ¡Paf! ¡alguien se cayó! la Fran! doy mi vida a que fue la Fran. Me asomé y la Fran chorreaba chocolate por todos sus poros entre dolor y risas. No se acordaba de nada y se mantenía tranquila por la anestesia del pisco. Charlé con ella entre cigarros y bromas hasta que llegó la hora de irse. Sin noticias de la Gaby me puse a ordenar hasta que la vocecita de la Pía me interrumpió: ¿te ayudo Pancho? ¡pero si la vi irse con su novio hace un buen rato...! agradezco tu iniciativa, pero ya estoy listo.
Dormí en el auto. Fue un buen día. ¡Ja, la Fran! No me puedo olvidar de la Pía

Hielo

A pesar de la infinita oferta urbano-natural que ofrece la ciudad, sumado a nuestros intentos de recorrer cada rincón, desde el más romántico hasta el más repugnante, la plaza Inés de Suarez siempre fue un punto de encuentro recurrente, porque está junto a la ciclovía, porque ahí nadie webea, porque el barrio es lindo o porque sí. Revolcarse en el pastito y pegarse un siestecita bajo un plátano oriental junto a Julia era lo máximo. Un sixpack de Escudo. Yo traje unos sándwich ¿y tu? La Julia se esmeró con una ensalada de frutas y una especie de panqueque delicioso. La comunión intercambiando alimentos, unos pititos pa pelar el cable y te traje el mp3 con los parlantes para mostrarte mis canciones favoritas. Los tordos revoloteaban juguetonamente como pichanga de recreo, algunos escolares peloteaban en serio y otras parejas intentaban imitarnos. Perfección.
Hace ya mucho tiempo que nos estoy con Julia pero siempre le propongo unas chelas en la plaza ¿aperray? El destino pone trabas y le reunión nunca se concreta. Un miércoles nos ponemos de acuerdo y ambos podemos, esta ves si que si, pero la primavera nos trae granizo; en medio de una soleada y optimista semana el agua, fuente de vida, se hace hielo. Relámpago anuncia el llanto con un destello rompecorazón y Trueno raja las nubes como reventando una bombita de agua. Al rato sale el sol, pero el pasto ya esta mojado. La espero media hora con mi ultimo cigarro sentado en la fuente vacía de la plaza. Luego me voy al paradero mirando de reojo hacia atrás.

lunes, 21 de diciembre de 2009

viernes, 13 de noviembre de 2009

Epifanía

Su mente divaga de la misma forma que la radio de su celular en el metro. Por momentos la esquizofrénica lucha épica de las obras de Wagner y Mussorgsky estallaban en una soberbia experiencia sonora, entonces los olores, el calor, el sudor, y las caras feas que conformaban el rebaño del vagón desaparecían ante tal banda sonora. Pero cuando un redoble de timbales anunciaba el final de la batalla, una trombosis afectaba al transmisor retorciendo la frecuencia modulada hasta hacerla sangrar ruido a borbotones como si hubiese sido decapitada. En esos momentos de interferencia Héctor se deba cuenta quién era, dónde estaba, a donde iba y por qué. De pronto el huracán se calmó dando paso a un sobrio locutor anunciando las bondades del producto auspiciador. Héctor buscó en la banda hasta enganchar los estridentes gritos de Sandro. Una sonrisa se dibujó en su tibetana careta hasta que la canción finalizó, pues supo que a partir de ese instante ya no era el mismo. Eso.

Futuro

Nadie lo sabe con exactitud, pero la mayoría cree que la edad de Héctor bordea los 60 años, otros aseguran que es mucho más. Su piel dura refleja a un hombre que en su juventud debe haber sido todo un adonis y aunque sus ojos vidriosos revelen el desgaste de una dura vida, aun conserva un estado físico, envidiable incluso para los jóvenes, que lo congela como un hombre de cincuenta. Su cabeza se sostiene sobre un firme cuello revelando una aun poblada cabellera gris, por sus orejas, agrandas tras el paso del tiempo, se desliza unas sutiles patillas del siglo diecinueve que acarician sin pudor los marcados huesos de la quijada, dándole un aspecto rudo y familiar. Viste camisa a rallas, suéter kaki abierto, pantalón gris y mocasines marrón. Es como un adolescente adornado en ropa usada. De joven aprendió el oficio de electricista y a lo largo de su vida supo ser soldador, carpintero, mecánico, plomero y chofer. Tanto trabajo le dio a sus manos piel de tiburón, capaz de destapar una cerveza sin esfuerzo alguno o resistir el recalentado metal de la parrilla cuando esta se desploma durante algún asado con los empleados de la empresa. Jubilado ya, en momentos de ocio se escapa de sus hijos para cumplir con algún trabajito, Subido en la micro aguanta el embotellamiento jugando con el celular que le regalo su sobrina. Con una mano ejecuta el aparato y con la otra sostiene una lupa que no se desarma gracias una tonelada de huincha. Sus amigos le dicen que se compre unos lentes, pero Héctor sostiene que no hay nada más útil que una lupa, pues además le servirá para encender fuego cuando se valla de viaje, si es que logra juntar la suma necesaria con esos trabajitos que se consigue a escondidas de su doctor, de sus hijos, hermanos y gobierno. Héctor es un hombre de pocas palabras, observador, asertivo, quizás sabio, al menos así lo ven sus cercanos, sin embargo su nieta lo trata como igual, sabe, sin saberlo, que está confundido, que aun no decide qué hacer cuando sea grande, que tiene que madurar y por eso se va de viaje, por eso lo confió sus planes a su más pequeña heredera y ella guardó el secreto como si fuese un juego. Héctor está decidido, se lo debe a su difunta esposa, se lo debe a si mismo. Después de tantos años aún intenta imaginarse en vano como seria su vida siendo viejo.